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Lletra menuda

Cierre de la escoleta de Valldemossa: lo que esconde la imagen bucólica

Valldemosa

Valldemosa / Wikipedia

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Valldemossa, su postal inigualable si quieren amortiguar el efecto de sus carencias, también es un engaño. Una cosa es visitar la villa capaz de encandilar a cualquier turista y otra bregar con la necesidad de sus servicios como residente. Ahí desaparece el bucolismo.

Los problemas que arrastra la escoleta de Valldemossa son tan conocidos como incomprensibles. Ahora cierra y que se las ingenien los padres para recolocar a sus hijos. El Ayuntamiento ejerce de Pilatos y, aún reconociendo que no es merecedor de ella, se atreve a solicitar «comprensión, colaboración y confianza». ¿Para qué?. Solo puede ser para la inercia y la despreocupación, conceptos que, desde luego, no pueden ser objeto de complicidad con los responsables municipales.

Ya me dirán qué ocupaciones más importantes puede tener un gobierno municipal aparte de procurar servicios capaces de canalizar la conciliación de las familias y los primeros pasos educativos. Un lustro con el contrato público caducado, desprecio al decreto de mínimos de Educación, sobrecargas de trabajo, pago de facturas sin cobertura legal y ahora el cierre. Esta es la triste historia de la escoleta de Valldemossa que el Ayuntamiento pretende saldar con unos comunicados poco menos que ofensivos para la población.

Lo triste, además, es que esta situación se haya prolongado cinco años sin resultado positivo y que ningún servicio de inspección educativa o laboral haya impuesto la reconducción de anomalías.

Ya lo saben, cuando cumplan con la agradable visita a Valldemossa, miren más allá de la fachada, el paisaje y el entorno. Tampoco se dejen encandilar solo por el aroma apetitoso de la coca de patata. Levanten con discreción la cortina y verán otra realidad menos agradable. Es la mejor forma de tener una percepción nada engañosa de la vida cotidiana de la villa insignia. En este sentido, Valldemosa también es representativa de una Mallorca en la que poco es lo que aparenta.

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