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Lletra menuda

Una fecunda semilla personal

Manel Domènech, a la derecha, con su característica barba blanca, durante una de las actividades de la entidad Varietats Autòctones de Mallorca.

Manel Domènech, a la derecha, con su característica barba blanca, durante una de las actividades de la entidad Varietats Autòctones de Mallorca. / A.V.A.M.

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Fuera entre la masa de una gran manifestación o en la individualidad de una concentración minoritaria, era imposible no fijarse, aunque fuera de forma momentánea, en Manel Domènech. El protagonismo se adquiere con la autenticidad y la coherencia. Este era su caso, pero, aunque cabe presumirle voluntad de anonimato, su larga barba, el sombrero y una vestimenta poco corriente, le imposibilitaban diluirse entre toda militancia de la reclamación de vivienda, la denuncia de los excesos turísticos, la defensa del soberanismo y otras causas perdidas de las que era adicto consciente, consecuente, perenne e irreductible. Su agenda, en la Mallorca que ha dejado, y de la que probablemente se ha hartado, permitía pocos huecos.

Aún así, a Manel Domènech le quedó tiempo para depositar en tierra adecuada algunas semillas que, convenientemente germinada, ya presentan sus primeros frutos. ¡Y son sanos! Milagro, en esta tierra de plagas crecientes y contaminaciones políticas.

Ahora, sabemos que el activista poliédrico ha legado su finca de Son Maiol, en Randa, y otras parcelas en Vilafranca, a la Associació de Varietas Locals, de la que era miembro directivo y activo, cómo no podía ser de otra forma en una causa en la que él estuviera implicado. La entidad ha aceptado la herencia. Por supuesto, no escatima elogios y agradecimientos porque sabe que cumple la voluntad de una persona irrepetible y generosa al tiempo que se dota de mayores métodos y capacidad para potenciar la investigación agraria que garantice la supervivencia de las variedades autóctonas mallorquinas.

Lo que hizo en vida Manuel Domènech Bestard tiene continuidad después de su fallecimiento. Es, para utilizar un símil compatible con la condición de su legado patrimonial, el resultado de una fecunda semilla personal. En vez de asociarlo a una mera acción filantrópica, que también lo es, conviene dar preferencia a la interpretación como resultado consecuente de un modo de vivir, de pensar y de entender las cosas. Nadie podrá reprochar falta de coherencia a Manel Domènech.

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