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Turismo | Pablo Riera-Marsa Presidente de la agrupación hotelera de Alcúdia y Can Picafort

Pablo Riera-Marsá, hotelero de Alcúdia: «Es un error asociar turismo y masificación, en invierno padezco los mismos atascos»

El próximo miércoles se celebrará una asamblea general de la agrupación de hoteleros de Alcúdia y Can Picafort que reelegirá al joven empresario Pablo Riera-Marsa como su presidente por segundo mandato consecutivo. En esta entrevista hace balance de la temporada y explica los nuevos retos a los que se enfrenta el sector, con algún tirón de orejas al funcionamiento de la administración municipal y críticas a algunos proyectos controvertidos.

Pablo Riera Marsa, presidente de los hoteleros de Alcúdia y Can Picafort.

Pablo Riera Marsa, presidente de los hoteleros de Alcúdia y Can Picafort. / DM

Joan Frau

Joan Frau

Alcúdia

¿Qué balance hace de los tres primeros años al frente de la agrupación hotelera?

Han sido tres años de aprendizaje y mucho trabajo, de saber cómo funcionan las relaciones con los asociados y las administraciones públicas.

¿Qué logros destacaría?

Hemos conseguido trasladar a los ayuntamientos la necesidad imperiosa de inversión pública que necesitan Alcúdia y Can Picafort tras muchos años de parálisis. Es imprescindible para mantener la competitividad de ambos destinos. También cabe destacar que hemos impulsado un marco de trabajo para hacer frente a la problemática que afrontamos en la bahía de Alcúdia con la pérdida de arena en una parte y acumulación en otra. Es un desafío mayor que está relacionado con el cambio climático. Tampoco podemos dejar de lado lo que hemos logrado en promoción turística de Alcúdia a través del consorcio de promoción exterior juntamente con el Ayuntamiento y otras empresas turísticas. Ahora tenemos una promoción más moderna y segmentada, más quirúrgica.

Hace unas semanas dijeron que las cifras de ocupación en los meses centrales se han moderado con respecto a otros años. ¿Les preocupa una tendencia a la baja?

Partimos de que ha sido una buena temporada en términos generales. Efectivamente, los meses centrales de la temporada clásica, julio y agosto, se han moderado, pero no es un dato preocupante. Apostamos por la creación de valor más que por el volumen. En estos meses centrales no hay mucho margen de crecimiento. Se mantienen los mercados principales, con ligeras variaciones.

También explicaron que la contratación de ‘todo incluido’ ha caído un 10% en esta zona y que ha aumentado el llamado ‘self-catering’. ¿Qué efectos tiene este factor sobre la economía local?

Por un lado, responde a una sensibilidad del precio, es decir, el cliente dice que quiere seguir yendo de vacaciones, pero un paquete de ‘todo incluido’ le costaba 2.000 euros, y ahora prefiere el ‘self-catering’ porque le cuesta 1.200, y ya veremos cómo nos apañamos. Esta es una de las causas. La realidad es que ha habido más clientes que están dispuestos a comer y cenar fuera, pero sorprende que los datos no casan con las informaciones que nos llegan de la restauración. En los restaurantes, si antes se tomaban una botella de vino entre dos, ahora se toman dos cañitas y un agua. A lo mejor los tiros van más por ahí. En el caso de Alcúdia hay bastante oferta hotelera compuesta por aparthoteles, que ya incorporan una cocina en la habitación. Sigue siendo fundamental el cliente de paquete vacacional, pero también hay mucho viajero más nómada, que incluso cambia de hoteles durante su estancia.

Ustedes anunciaron que ha finalizado el ‘efecto champán’ generado por la pandemia y ahora los turistas ya no gastan más porque han agotado los ahorros que acumularon durante el coronavirus.

Creo que por bueno que sea el champán la burbuja acaba menguando. Mucho ha durado. El turismo ha adoptado un papel nuevo después del covid a nivel mundial. Lo que ha cambiado es la disponibilidad de gasto de la gente, que se ha moderado porque tenía que moderarse. El propio residente también ve cómo los precios van subiendo.

¿Tienen alguna fórmula para contrarrestar esta moderación en los índices de ocupación y gasto?

Ojalá la tuviera. Yo creo que la única fórmula es la que Mallorca y el sector hotelero sigan apostando por la calidad, y no solo hablo de infraestructuras, sino también de servicios y trato al cliente. Y eso pasa por formación y por cuidar al visitante. La fórmula es tratar bien al cliente desde que pone un pie en el aeropuerto. La experiencia global es la que hay que cuidar, y esto va totalmente en contra de esa sensación de antiturismo y de esos mensajes tan dañinos que hemos podido proyectar desde Mallorca.

¿Pero no cree que existe masificación? A veces parece que los ciudadanos y los empresarios turísticos no tienen la misma percepción de la realidad.

Creo que hay momentos de saturación puntuales en algunos sitios. Asociar la saturación con turismo es el primer error. Yo padezco los mismos atascos en invierno que en verano. Falta trabajar sobre datos adecuados, que haya más pasajeros en el aeropuerto no significa que haya más turistas, porque los datos de pasajeros han crecido en unos meses en los que las estancias hoteleras han bajado. Yo creo que los residentes nos movemos más. Por otra parte, las estancias medias se están acortando, y tampoco podemos olvidar la oferta ilegal. Ahí es donde hay que poner el foco. Alcúdia, junto a Pollença y Palma, está en el top cinco de este tipo de oferta ilegal. En el tema de la masificación, es importante la inversión en infraestructuras públicas y también hay una tarea pendiente que tienen muchos municipios como establecer estrategias y trabajar en los Destinos Turísticos Inteligentes. La idea es tener datos fiables con los que trabajar, como la ocupación de las playas.

¿Qué opina de la posible subida de la ecotasa?

Es el eterno debate. La ecotasa no es un instrumento para frenar o controlar la demanda. El problema no está en la falta de dinero. En todos los años que lleva la ecotasa implantada no hemos sido capaces de demostrar que estos recursos se invierten en acciones reales y perceptibles por parte de quien la paga. Se destinan partidas importantes para el ciclo del agua o para el control de la oferta ilegal, pero seguimos viendo que cuando llueve rebosan las arquetas de aguas sucias, desbarajustes en servicios básicos como la recogida de residuos y seguimos perdiendo más del 60% del agua antes de llegar a los contadores. Yo diría no a la subida de la ecotasa.

¿El factor diferencial de Alcúdia con respecto a otros destinos de Mallorca son las pruebas deportivas como el Ironman?

No, el factor diferencial es que Alcúdia lo tiene todo. Es el resort turístico por excelencia de la isla, es un destino completísimo y muy competitivo. Las pruebas deportivas son una consecuencia de muchos años de apuesta muy clara de las empresas hoteleras hacia este tipo de turismo. A partir de ahí no ha sido difícil atraer y consolidar grandes pruebas, a pesar de que en Alcúdia no tenemos las grandes infraestructuras deportivas municipales que tienen otros municipios.

Hace unos meses parecía que peligraba la continuidad del Ironman debido al retraso en el pago por parte del Ayuntamiento, algo que junto a otras causas como gastos no justificados le costó el cargo al regidor de Turismo. ¿Siguieron este tema con preocupación?

No nos preocupó el poder perder el Ironman porque quedó muy claro que fue un fallo administrativo más, y no entraremos más en detalle. Un asociado nuestro dice que Alcúdia es un gran transatlántico con el motor de un velomar. Es decir, es un municipio complejo que trabaja con un presupuesto que no está acorde a su realidad. Prueba de ello es que es incapaz de ejecutar cada año el presupuesto y va sumando un remanente que no sabemos que va a pasar con él. Este tipo de fallos dentro del Ayuntamiento, buena imagen no dan.

¿Tenían buena relación con el anterior regidor de Turismo?

Era una buena relación, no muy cercana. No despachábamos de forma muy continua. A partir de ahí nos cogió por sorpresa esa destitución y todo lo que salió después. Optamos por mantenernos al margen. Fuimos meros espectadores, pero sí la vivimos como un escollo más en el camino. Un cambio de persona siempre obstaculiza, pero fue una decisión política.

¿Y cómo se llevan con el actual equipo de gobierno?

Tenemos relaciones muy correctas y procuramos trabajar de forma conjunta.

Pero de sus palabras se deduce que tal vez esperaban algo más de este gobierno municipal.

Mis palabras no van tanto enfocadas al equipo de gobierno como tal sino al Ayuntamiento en general. Llevan más de diez años acumulando remanentes sin ejecutar. Si consigo hacer esto pero tengo los servicios públicos al no va más y soy pionero en la gestión del destino turístico inteligente y las infraestructuras son inmejorables...pero es todo lo contrario. El presupuesto, bien gestionado, debería dar para mucho más. Luego están las normas de gasto, la burocracia y la complejidad administrativa que hay. Todo esto hace imprescindible tener una hoja de ruta como el plan estratégico. Tanto en Alcúdia como en Santa Margalida los planes han caducado. Todavía estamos lejos de verlos, y son imprescindibles.

Hace dos años denunciaron el retraso en la construcción de los nuevos balnearios. ¿Están satisfechos del resultado?

Lo denunciamos porque había mucho en juego. Hemos estado diez años con estos proyectos. Llegar tarde y bien es complicado. Llegó a estar en juego la concesión de la playa, que es de todos. Era un toque de atención. Al final se ha tenido que destinar dinero del impuesto de turismo sostenible para la construcción, cuando el Ayuntamiento tiene lo que tiene en la cuenta, te hace pensar lo retorcida que es la gestión del presupuesto municipal. Estamos satisfechos de que por fin Alcúdia tiene balnearios, aunque hay uno menos de los previstos. En algunos aspectos han nacido ya obsoletos, tienen carencias.

Otro proyecto pendiente es la descontaminación de la antigua central térmica. ¿Mantienen las esperanzas de verlo?

La esperanza es lo último que se pierde. Es una reivindicación que hemos hecho para conseguir que, mientras se ejecuta la descontaminación, que no es fácil, se aproveche para trabajar en lo que se quiere hacer allí. No podemos improvisar. Hay que abrir un proceso de consultas para crear ese debate.

¿Qué proponen ustedes?

No hemos determinado una propuesta en firme. Habíamos trabajado la idea de un centro tecnológico para el estudio del mar donde pudieran entrar empresas que apostaban por las energías renovables. Es un espacio enorme y con una localización estratégica. Cabrían múltiples usos allí dentro.

Uno de los temas más polémicos en Alcúdia es la implantación del segundo cable eléctrico. ¿Cómo siguen ese proceso?

Creemos que es necesario y está demostrado técnicamente que debe llegar a la central de Es Murterar. Pero lo que más nos choca a nosotros y a mucha gente es el trazado propuesto, que el cable llegue por la bahía de Pollença en vez de hacerlo por la de Alcúdia, pudiendo hacer un recorrido de un kilómetro por tuberías existentes. Se opta por llegar por sa Ferradura, lo que obliga a hacer un trazado de 15 kilómetros por calles. Es una obra que lo rompe todo, y lo digo de forma literal. Se va a cruzar con muchísimas infraestructuras subterráneas. Me parece un despilfarro tremendo. Que Red Eléctrica lo justifique diciendo que no hay otra alternativa posible por leyes europeas de protección de posidonia, se me antoja muy difícil de comprender, cuando hay sondeos que dicen que la posidonia en la bahía de Alcúdia es de todo menos sana. Falta sentido común.

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