Festejos
Sa Vermada de Binissalem arranca con su multitudinaria ‘guerra de raïm’ y la ‘Festa dels Trepitjadors’
La jornada logró congregar a más de tres mil personas en la céntrica calle Concepció, donde se encuentra el Consistorio
Sa Vermada de Binissalem arranca con su multitudinaria ‘guerra de raïm’ y la ‘Festa dels Trepitjadors’ / Ana. B. Muñoz
La sala de Plenos del Ayuntamiento de Binissalem abrió sus puertas para recibir, un año más, a los auténticos protagonistas de Sa Vermada. El acto marcó el inicio oficial de unas fiestas que se han convertido en un referente, atrayendo tanto a vecinos como a visitantes que desean vivir de cerca la tradición vitivinícola del municipio.
Como cada septiembre, la jornada logró congregar a más de tres mil personas en la céntrica calle Concepció, donde se encuentra el Consistorio. La programación arrancó con el popular Voltant voltant, un animado pasacalle que recorre las calles del pueblo al ritmo de xeremiers, y que sirve de antesala al pregón juvenil desde el balcón del Ayuntamiento, conocido popularmente como el chupinazo.
Un pregón reivindicativo y festivo
El pregón estuvo a cargo de Miquel Àngel Moyà, Toni Pons, Tomeu Alorda, Maria Bestard y Pep Munar, miembros del grupo teatral Xamo Xamo, acompañados del poeta Sion ‘Capçana’, Llorenç ‘Piti’ y los Vermadors i Vermadores elegidos este año para representar al pueblo. Todos ellos se presentaron disfrazados de espartanos y vestidos de azul, color representativo de Binissalem, ofreciendo un pregón tan original como crítico.
Durante la intervención se abordaron cuestiones que afectan a la vida cotidiana del municipio y de la isla: la saturación de las fiestas populares, el impacto del cambio climático, la pérdida de comercios tradicionales que han marcado la identidad local como el emblemático Can Xiscos, e incluso una llamada de atención sobre la situación en Palestina.
«Hay que pensar en qué pueblo queremos dejar a nuestros hijos el día de mañana y si podrán vivir aquí a causa del precio de la vivienda. Pero, ante todo, el chupinazo es el acto más importante: el pueblo lo vive unido. Un año más queremos demostrar la unión de Binissalem y que absolutamente todos vamos a una. Es un privilegio vivir Sa Vermada», destaco antes del pregón Miquel Àngel Moyà, director de Xamo Xamo.
La organización Joves des Trui, alma de la organización de las Fiestas del Vermar, también quiso subrayar la magnitud de la cita: «Hacemos todo lo posible para que todo salga como lo esperado. Son días de nervios, pero la emoción es indescriptible».
La esperada Batalla de Raïm
Concluido el pregón, la atención se trasladó a las afueras del municipio, donde tuvo lugar la tradicional Batalla de Raïm. Cientos de participantes, se enfrentaron en una contienda tan caótica como divertida, en la que trece toneladas de uva, cinco de rapa y restos de prensado fueron las únicas armas permitidas.
El ambiente fue el de siempre: niños y mayores lanzándose racimos sin tregua y una explosión de color púrpura que tiñó la ropa y la piel de los presentes. Este año, como novedad, se recuperó la figura del abanderado, quien encabezó la procesión acompañado por los Xeremiers y la banda de música de Binissalem, aportando un aire aún más solemne a la cita.
Tras la obligada ducha para quitarse los restos de mosto, la fiesta continuó sin pausa.
La plaza de la iglesia acogió la esperada Festa dels Trepitjadors, uno de los actos más emblemáticos de Sa Vermada. Para participar en esta celebración resulta imprescindible vestir el característico cassot o vestit de trepitjador, indumentaria que lucieron con orgullo más de 1.500 personas.
El evento incluyó una comida popular de fideus de vermar, plato típico de estas fechas, que reunió a familias y amigos alrededor de largas mesas comunitarias. La velada se prevé hasta bien entrada la madrugada gracias a la música en directo de diversas formaciones.
Una fiesta que reafirma identidad
La Batalla de Raïm y la Festa dels Trepitjadors son organizadas por la agrupación juvenil Joves des Trui, que año tras año garantiza su éxito de convocatoria y que ha sabido mantener el equilibrio entre tradición y modernidad.
Sa Vermada, más allá de la diversión, sigue siendo una celebración que refuerza la identidad de Binissalem y pone en valor la cultura del vino, el trabajo en la viña y el espíritu comunitario. Una fiesta que une generaciones y que demuestra, con cada chupinazo, que Binissalem sabe cómo celebrar sus raíces mirando también hacia el futuro.
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