La acelerada desaparición de la playa urbana de Portocristo
Una simple comparación de imágenes demuestra la alarmante pérdida de arena que ha perdido en apenas unas décadas
El experto medioambiental, Víctor Riera apunta algunas causas y posibles correcciones

Redacción Digital

El cambio climático, la presión humana y la falta de medidas correctoras han acelerado la regresión de las playas de nuestro entorno, un fenómeno que cada vez es más evidente y que, si no se actúa con rapidez, podría acabar con nuestra costa tal como la conocemos. Este es el caso de la playa de Portocristo, con una imagen muy diferente al que recordamos de hace apenas unas décadas.
“Como en la inmensa mayoría de fenómenos, esta situación no obedece a una causa única y múltiples factores influyen, interactúan y se magnifican”, explica el experto medioambiental Víctor Riera. “Para ponerse aún más nervioso, basta con ver en internet algunos de los modelos de la evolución del perfil de la playa bajo distintos escenarios de aumento del nivel del mar en el tiempo”. Riera apunta incluso a estimacions “optimistas” y cree que “es posible que las causas y factores locales no se hayan considerado suficientemente y que la desaparición de las playas, si no se toman medidas decididas y pronto, será aún más rápida y grave”. “Centrándonos en el caso concreto de Portocristo, creo que los factores locales obedecen principalmente a causas antropogénicas” y apunta, de mayor a menor importancia tres hechos clave.
Motivos
Por una parte la construcción del espigón conocido como el ‘martell’. “La existencia de esta emblemática estructura desde hace unos 70 años, construida para evitar la acción del oleaje incidente de levante en la bocana del Riuet, ha provocado que el frente de ola se refracte hacia la zona de las Coves Blanques sin pérdida de energía, y qué suerte que luego le hicieron el puente, donde la energía de las olas puede disiparse un poco”. “Esto hace que las olas lleguen a la orilla de la playa con toda su fuerza, ya que el perfil de la playa sumergida es muy inclinado. Este fenómeno se agrava por el hecho de que los temporales habituales son de ‘mar de viento’ (olas constantes ya que el campo de viento donde se generan está muy cerca) y en la poca plataforma continental que tenemos en Mallorca”, explica Riera. Y es que el oleaje llega a las playas de Mallorca con más fuerza, ya que hay mucha profundidad cerca de la costa y las olas conservan la energía, en lugar de ir perdiéndola a medida que disminuye la profundidad de la columna de agua. “Este oleaje energético y desordenado, aún más en la bahía de Portocristo donde su forma natural ya provoca fenómenos de reflexión, refracción y difracción —como evidencian los barcos romanos hundidos—, se ha visto agravado por el ‘martell’. Todo esto hace que se desplacen sedimentos hacia la parte sumergida de la cala y hacia la zona de la bocana del Riuet”.
Por otro lado, está la construcción del Paseo de las Coves Blanques. El embellecimiento y construcción del nuevo paseo en el año 2000 ha agravado el retroceso de la playa, “no solo porque ha reducido el espacio libre de arena, sino también porque ha empeorado el efecto del oleaje en la zona. El muro ha ocupado espacio disponible para disipar la energía de las olas sobre la playa natural —que ya de por sí era mínimo— y, peor aún con grandes temporales, el oleaje rebota y se refleja en otro pico hacia el exterior de la bahía, agravando la pérdida de sedimentos y acelerando la erosión en esa parte”, añade el experto.
Por último, Riera apunta a la impermeabilización de la zona urbana: “Otra cuestión no menor es la transformación progresiva del entorno natural de la playa en un entorno antropizado, con la pavimentación del núcleo urbano mediante calles asfaltadas y, aún peor en este sentido, los paseos enlosados que dificultan la absorción del agua en el suelo”.
Esto convierte parte del núcleo de Portocristo en un gran ‘embudo’ que evacua el agua de lluvia hacia la playa. “Para complicar más la situación, también hay que tener en cuenta la influencia de un régimen habitual de lluvias intensas, con menor absorción del agua en tierra, y otras cuestiones como posibles errores en el diseño o un mal mantenimiento de la red de canaletas de aguas, tanto pluviales como fecales”.
Por todos estos motivos, grandes cantidades de agua, ya sea solo de lluvia o también de origen fecal se evacúan directamente sobre la playa y arrastran arena desde la parte sumergida de la bahía. “Esta cantidad de sedimentos movidos puede ser bastante considerable, como se puede comprobar después de alguna tormenta fuerte. Además, todo esto, la propia escorrentía de las lluvias y la erosión posterior de la arena, supone un problema para el buen estado y funcionamiento normal de los servicios de playas, especialmente en lo que respecta a tumbonas y pasarelas”.

La acelerada desaparición de la playa urbana de Portocristo / DM
Correcciones
En cuanto a las medidas que se pueden aplicar directamente en la propia playa y en su arena, hoy en día existen y se están utilizando distintos métodos de restauración, tanto naturales como artificiales. “Poco a poco se va adoptando una visión integral de esta problemática, considerando que cada playa es un mundo” (lo que puede servir para una, no necesariamente vale para otra), que quizás varias técnicas deben implementarse según el momento, y que las clásicas regeneraciones masivas de arena “no sirven para nada” (normalmente son un gasto de tiempo, recursos y dinero, y suelen ser contraproducentes y empeorar la problemática general), “aunque eso lleve a que la gente piense que los políticos hacen cosas ya”.
“Quizá no sea posible revertir totalmente la situación, pero al menos se pueden minimizar los cambios más o menos desagradables e inmediatos que vendrán, como, por ejemplo, la reducción de ingresos económicos porque se ha tenido que quitar tumbonas porque ya no caben tantas”, apunta Riera. “Quisiera creer que en pocas décadas la playa no será más que una mínima parte de la que es actualmente, si se actúa pronto y de manera decidida”.
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