MEMORIA LOCAL
El bofetón del ‘municipal’ o el vecino que no entendía qué era un cheque: un funcionario del Ayuntamiento de Santa Margalida recopila las anécdotas que no se ven
El artista y trabajador municipal Guillem Crespí i Alemany presenta su libro ‘L’Ajuntament que no es veu, 40 anys d’anècdotes’, que muestra con nombre y apellidos la trastienda divertida y amable de un consistorio más conocido por sus escándalos políticos

Guillem Crespí i Alemany presenta libro. / DM

Verano de 1985. En la pequeña oficina municipal de Can Picafort, entonces un destino turístico incipiente, un vendedor ambulante al que le acaban de requisar la fruta que vendía ilegalmente a los turistas en la playa se muestra visiblemente alterado, negándose a identificarse como se le requiere y al grito de «¡tu puta madre te a dar el DNI, me estáis quitando el pan de mis hijos, fastídiate!». Un joven y novato funcionario que acaba de empezar a trabajar en las dependencias municipales asiste perplejo a la tensa escena. De repente, un veterano y apacible «guardia municipal» de la vieja escuela -lo que años después sería un agente de Policía local- se levanta enojado porque el vendedor «no me deja ver la televisión» (todavía en blanco y negro), y le propina un sonoro bofetón:
-«¡Saca el DNI y cállate!».
Han pasado cuatro décadas desde que aquel principiante se estrenara como trabajador en el Ayuntamiento de Santa Margalida, tiempo suficiente para curtirse con situaciones como la descrita, que hay que encuadrar en un contexto determinado ya quehoy serían «impensables o inaceptables», reflexiona el mismo. El funcionario novel se llamaba Guillem Crespí i Alemany, un reconocido pintor y escultor con medio centenar de exposiciones a sus espaldas, creador de llamativos y coloristas peces, bicicletas, gallos o violines. Pero en esta ocasión el artista deja paso a su doble condición de funcionario -en su vida profesional- para retratar por escrito la parte más dulce del consistorio vilero. La menos conocida, la más personal. También la más divertida.
Prologado por el escritor Sebastià Alzamora, Crespí acaba de editar L’Ajuntament que no es veu. 40 anys d’anècdotes, una recopilación de cuarenta episodios y vivencias con otros colegas y ciudadanos en la trastienda municipal que han dado pie a múltiples bromas y situaciones jocosas, aunque también algún que otro enfado. Como la mañana en la que un ciudadano extranjero acudió a la mesa de Crespí exigiéndole que le tramitara urgentemente -«porque no puedo esperar»-el impuesto de circulación. Al hacerle notar el funcionario que la documentación estaba en alemán, y él solo podía liquidar el tributo en uno de los dos idiomas oficiales de Balears, castellano o catalán, se elevó el tono:
-«Pues tienes un problema», le espetó «con prepotencia» el germano al autor, generándose no poca incomodidad entre ambos. -«¿Y quién quiere el impuesto, tú o yo?», reaccionó Crespí. -«Yo», respondió el alemán. -«Pues ahora el problema lo tienes tú», remachó el funcionario.
«He venido a cobrar con dinero»
Más relajado fue el episodio en el que un conocido y apreciado vecino de la localidad, el panadero y pastelero ya fallecido Salvador Piña, acudió a cobrar la venta de un solar de su propiedad al Ayuntamiento. Allí le esperaba Toni Font, entonces tesorero municipal. Al entregarle un cheque a Piña, este «levantó una ceja y preguntó qué era ese papel». -«Es un talón -respondió el tesorero-, con esto puedes ir a cobrar al banco, es una manera más segura y cómoda para hacer la transacción». Crespí asistía como testigo privilegiado a una de esas vivencias memorables en la rebotica de la vida municipal. -«Perdona pero esto es un papel, yo he venido a cobrar con dinero y tú me das un papel. No lo entiendo», apuntó el vecino.
«El tesorero se puso a reír afablemente», relata Guillem Crespí. «Esa escena, típica del enfrentamiento entre el mundo tradicional y el moderno, formaba parte del día a día en el consistorio. El señor Salvador acostumbrado a cobrar en efectivo y el señor Toni avezado con sus prácticas administrativas actualizadas representaban dos modos de ver el mundo que a veces chocaban, aunque amisotsamente». La desavenencia se solventó del mejor modo posible: el tesorero se fue personalmente al banco a sacar el dinero, y volvió para entregárselo en mano al vecino. Y así todos contentos.
La transformación digital
Crespí también narra la profunda transformación social, cultural y tecnológica vivida internamente a lo largo de las cuatro décadas que lleva como funcionario de Santa Margalida, actualmente en el registro municipal. En sus inicios las oficinas del ayuntamiento «olían por la mañana a papel y tinta de máquinas de escribir», rememora. La progresiva llegada de los ordenadores e internet causó más de un sobresalto al personal, especialmente al más antiguo: -«Domingo [Alomar] ¿has recibido mi correo sobre una tumba en el cementerio?-, le preguntó el secretario municipal a uno de los veteranos.
-«No he recibido nada, aun es pronto para que llegue el correo ¿Y por qué me mandas cosas por carta si nuestros despachos están juntos?»
-«Te lo he mandado por correo electrónico, no postal».
-«No sé cómo funciona esto del correo electrónico. La próxima vez simplemente llámame y ya vendré a verte y hablamos», se despachó el funcionario, una anécdota con la que Crespí ilustra el reto y complejidades de la integración digital.
Recelos por la normalización lingüística
El autor también repasa las dificultades por las que pasó en su firme empeño por normalizar el uso catalán en la administración municipal, cuestión que le llevó incluso a que algún concejal en los 90 le retirara un complemento salarial porque no le pasaba «la documentación en español». Incluso en este y otros capítulos agrios, el autor señala ahora que su «recuerdo es amable, ya que cuarenta años dan para mucho».
Escrito con humor y en homenaje a sus compañeros durante este periplo vital y profesional, Crespí dedica varios apartados al que fuera durante años el secretario municipal, Francisco Parra, y al alcalde Rafel Payeras, ambos ya fallecidos. Con ellos el autor tiene un especial y emotivo recuerdo, no exento de risas, como cuando el personal se zampó unas gírgoles que le habían regalado a Parra sin que él se percatara de que le pertenecían hasta el final del ágape.
El libro muestra una faceta muy distinta del Ayuntamiento de Santa Margalida, y es totalmente ajeno a los escándalos políticos que lo han salpicado durante la reciente historia democrática, desde múltiples mociones de censura a sonados casos de corrupción y turbios manejos en la sombra. Solo en el epílogo el autor se permite una breve referencia a polémicas actuales: «He vivido situaciones que jamás habría imaginado, procesos de estabilización extraños, una plantilla de la Policía local marcada por decisiones controvertidas, expedientes disciplinarios abiertos a profesionales que siempre han demostrado humanidad y competencia», dejando abierta la posibilidad de una segunda parte más analítica y menos divertida.
El anecdotario recién editado se presentará el próximo 1 de septiembre a las 20 horas en el auditorio municipal de Santa Margalida, a cargo del propio Guillem Crespí y del historiador y excolega Antoni Mas, también un experto conocedor de los entresijos consistoriales vileros.
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