Lletra Menuda
La opinión de Llorenç Riera: Una asombrosa inseguridad alimentaria

Una de las naves de la granja agrícola de Llucmajor. / DM
Después de las nuevas denuncias de ARDE y Satya Animal sobre los ‘horrores’ en la granja de Ses Cisternetes de Avícola Son Perot, es evidente que al Colegio de Veterinarios no le queda más remedio que tomar cartas en el asunto. No solo eso, debe hacerlo dejándolas boca arriba porque, dado que el proceso de clarificación de la actuación de su colegiado directivo de la explotación ya se anuncia dilatado, de no hacerlo así, solo se incidirá en la desconfianza y la mayor sospecha. Las garantías de la investigación e incluso la presunción de profesionalidad, deben ser compatibles con la transparencia. De todos modos, resulta muy complicado salvar los muebles después de las imágenes difundidas, lo aportado por la investigación del SEPRONA y el plantón de comercialización de los huevos de Son Perot por parte de grandes superficies significativas.
Ahora mismo subyacen dos cuestiones importantes. Una, la clarificación de la actuación concreta del veterinario al que se atribuye parte muy interesada en la calificación sanitaria de una explotación avícola que ha quedado sin margen de defensa y otra, de mayor calado y trascendencia, que no es otra que la de saber cómo se ha podido llegar hasta aquí. Es decir, porqué el comportamiento profesional altamente sospechoso de un veterinario sólo desemboca en reacción y análisis cuando es denunciado en público. Significa que no existen, o no se activan, mecanismos previos de detección y control de presuntas negligencias, lo cual nos lleva directamente, y ahí está lo grave, al maltrato animal y a la inseguridad alimentaria.
Dicho de otro modo, queda demostrado que para adquirir productos, huevos en este caso, no basta con el etiquetado y la presentación comercial del envase. Entre la puesta de la gallina y la tortilla en el plato se puede haber colado mucha falta de escrúpulos, mucho amaño y escasa sanidad. Evidentemente, estos son condimentos nada recomendables para la salud pública. A la Administración y a los veterinarios entre ella, les corresponde quitar la basura real de la comida. Pero no siempre ocurre así.
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