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El taller de Santos Iñurrieta en Son Carrió será una casa-museo

El legado del pintor de Vitoria que vivía en Mallorca desde los primeros años 90, fallecido hace 12 meses a los 73 años, podrá ser visitado en un futuro próximo por la voluntad de su compañera, Joana Nicolau, de mostrar su prolífica obra, reconocible por su colorido y su punto de vista sarcástico de la realidad.

Santos Iñurrieta en plena creación artística en el taller de Son Carrió que se podrá visitar en un futuro próximo.

Santos Iñurrieta en plena creación artística en el taller de Son Carrió que se podrá visitar en un futuro próximo. / J. N. D.

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Joan Frau

Joan Frau

Son Carrió

Hace algo más de un año, el 10 de diciembre de 2023, los pinceles de Santos Iñurrieta (Vitoria, 1950) dejaron de interpretar el mundo con su particular visión surrealista y «dislocada», en palabras de la ‘manacorinaJoana Nicolau, su pareja durante más de 30 años. Su huella artística, una obra prolífica y totalmente reconocible por su pasión por los colores y el punto de vista sarcástico que imprimía a su creación, permanecerá para quienes valoran su trabajo y para todos aquellos que todavía no lo conocen, que en Mallorca aún son muchos. No así en Euskadi, donde Iñurrieta era un artista totalmente consagrado, con una legión de amigos y seguidores que tras su muerte le han realizado varios homenajes multitudinarios en algunos de sus espacios fetiche de Vitoria como la librería Zuloa o el espacio Zas. Ahora, el público mallorquín tendrá la oportunidad de contemplar sus cuadros, de pequeño y gran formato, en su casa de campo de Son Carrió, donde ha vivido las últimas tres décadas. 

Y es que la intención de Joana es la de crear una casa-museo o una fundación en el taller desde el que Santos creaba su particular estilo y desde el que trabajó hasta el último aliento, desafiando incluso las grandes limitaciones que le imponía la enfermedad que acabó por consumirle. El taller está prácticamente igual a cómo lo dejó el pintor. La intención es dar a conocer su legado en el entorno en el que fue creado, sin descartar la posibilidad de que en un futuro próximo su obra pueda ser admirada también en las principales galerías de arte de la isla. Joana Nicolau explica que “el taller es un lugar grande y lleno de cuadernos de bocetos, escritos, colecciones y juguetes, un lugar perfecto para el estudio de su obra”. 

Una vista principal del estudio de Santos Iñurrieta.

Una vista principal del estudio de Santos Iñurrieta. / J. N. D.

No será el único proyecto. Está en marcha la elaboración de un libro que el artista encargó antes de morir que reunirá todos los paisajes que Santos pintó durante su vida, “un género que le encantaba y era algo muy íntimo y especial para él”, apunta su compañera. También se cuecen dos exposiciones más en el País Vasco: una en Donosti para 2025 y otra en Bilbao en 2026. “También se está diseñando una web donde se podrá ver pintura de diferentes épocas y temáticas”, añade Joana.

La exploración de su abundante obra requiere tiempo. “Era un apasionado de su trabajo, podía pasar de 10 a 14 horas diarias creando en su taller, hasta sus últimos días su cabeza era una maraña de proyectos”.

Otra imagen del artista vasco trabajando en una de sus obras de gran formato.

Otra imagen del artista vasco trabajando en una de sus obras de gran formato. / J. N. D.

A pesar de pasar las últimas tres décadas de su vida en Mallorca, “él siempre alardeaba de ser vasco y nunca de desvinculó de sus amigos ni de su tierra, viajaba frecuentemente a Euskadi y estaba muy al día de lo que se cocía en el mundo de la cultura de su país”. Allí, Santos Iñurrieta era un “artista reconocido”, según Joana, “pero no sé si lo sufientemente valorado”. Su tendencia ‘outsider’ le alejó de la cultura oficial. “Lo políticamente correcto no iba con él, le gustaba dar su opinión y siempre iba de cara”, recuerda su mujer, que le define como alguien “con una actitud vital, valiente y honesta, cariñoso, divertido y fiel a sus amigos”. La apertura al público de su taller será una magnífica oportunidad para dar a conocer una obra muy especial que no deja indiferente a nadie y que es fundamental para entender la evolución artística de su tierra natal. “Creo que Santos es un puente entre aquella Escuela de Arte Vasco comprometida con la vanguardia y la pintura más desenfadada de los 80 y los 90”, resume Joana Nicolau. Fue a partir de los años 90, ya con su residencia fijada en Son Carrió, cuando “empieza la etapa más particular” del artista, con un estilo “pop, expresionista, surrealista, que mostraba una interpretación dislocada del mundo”. Sin duda, los paisajes del Llevant mallorquín, llenos de la luz mediterránea tan apreciada por los pintores, pueden captarse en el mundo cromático de su obra.

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