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Lletra menuda: El deseo se impone a la realidad

Turismo de borrachera en Magaluf, en una imagen de archivo.

Turismo de borrachera en Magaluf, en una imagen de archivo. / Guillem Bosch

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Juan Antonio Amengual no necesita padrinos. Más bien está falto de consejeros competentes que atemperen su optimismo y le reconcilien con la realidad del complejo municipio de cuyo gobierno está al frente, unas evidencias que, por cierto, constituyen su verdadera oposición en detrimento de unos adversarios políticos que apenas consiguen resaltar.

Está claro que se han obtenido avances en la dignificación turística del conjunto municipal de Calvià, pero asegurar ya por las buenas que se ha roto su identificación con el turismo de borrachera, que Magaluf está plenamente revestido de calidad y seguridad, hasta el punto de que su tránsito desde la degradación a un nuevo turismo emergente que el alcalde ya da por consolidado, sea digno de estudio universitario, es mera exageración. Una falta de respeto a la ciudadanía, vamos. Ni siquiera el golpe de efecto de la cesión de suelo para levantar 300 viviendas basta para edulcorar otros problemas mayúsculos y más complejos.

Otro de los apartados cuestionables del balance del alcalde de Calvià está en que fía parte de su éxito a la renuncia de valores propios de la identidad de su municipio y se acomoda sobre fiestas y celebraciones foráneas. El municipio de Ponent no es tierra de nueva planta ni un mero escaparate de paseo marítimo y bulevar remodelado. Acumula mejor historia y eso apenas se tiene en cuenta.

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