Lletra menuda

El hedor expansivo del descuido

Llorenç Riera

Llorenç Riera

El verano se estrena con mal olor en Port de Pollença. Nada nuevo por desgracia, porque sus vecinos tienen forzada y desagradable experiencia de aguas estancadas, sus molestos efectos insalubres y lesiones ambientales. La reincidencia en el descuido y en la incapacidad de tratamiento, sea en el litoral o tierra adentro, les obliga ahora a transitar entre las aguas fecales que se dispersan por obstrucción de los conductos de la estación impulsora que gestiona Abaqua. El derrame de líquidos inadmisibles ya se produjo como primer aviso hace un mes. De poco o nada sirvió tal alarma, porque acaba de reproducirse con mayor dimensión en los laterales de la carretera y hasta alcanzar el parque ambiental del humedal de la Gola.

Superado el susto inicial, se observa que los daños no son tan graves como se presumía en un principio. La teniente de alcalde delegada del Port respira más tranquila. Quien no se conforma es porque no quiere. El destrozo hubiera podido ser mayor. La resignación y el conformismo son buenos aliados para gestionar con comodidad.

Cuando se realizan obras, sean públicas o privadas, lo normal es calcular sus efectos y tomar las medidas necesarias para minimizarlos si son negativos. Parece que esto no ha ocurrido en la estación impulsora de Port de Pollença sujeta a reformas desde hace dos meses. Una eventual «llegada anormal de agua» se antoja como justificante insuficiente del accidente reiterado y agravado. También puede ser que lo ocurrido no sea otra cosa que una manifestación más de la saturación y de la sobreexplotación, residencial y turística, que esta vez ha clamado sirviéndose de las aguas pestilentes y cansada de que se hagan oídos sordos a sus lamentos y reivindicaciones de equilibrio.

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