Lletra menuda

Conexión para saciar la masificación

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Tres décadas resecos de ideas, planeamientos, consumo responsable y control de fugas. Poco o nada se ha aprendido desde aquella lastimosa Operación Barco de 1995 a través de la cual empezó a llegar a Mallorca agua peninsular desalada con sabor y olor a pintura. Mientras Bunyola se suma a la lista de municipios de la Serra que se ven obligados a aplicar restricciones, el Consejo de Ministros aprueba con carácter urgente las obras de una extensión de la conexión con la gran desaladora de Sagunto para, si se da el caso, poder volver a cargar desde su puerto tanques de agua en dirección a Mallorca. Y todo apunta a que así será porque el cambio climático y el constante incremento demográfico solo admiten las alternativas de la moderación y el sentido de la utilidad responsable de los que, a los hechos nos remitimos, no se quiere oír hablar.

Aprobar una gran tubería con un coste de más de un millón de euros por kilómetro para aplacar la sed de la insaciable Mallorca y hacerlo un día después de que Son Sant Joan acreditara su incapacidad para soportar un chaparrón superior al de su punto más álgido de pasajeros puede resultar un sarcasmo, pero también es la demostración de lo desconectadas que están las infraestructuras básicas, sea el transporte aéreo o el agua, con la realidad y necesidad de Mallorca.

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