Lletra menuda

La actualización de una fiesta viva

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Las fiestas populares de Mallorca, sobre todo las más tradicionales y con mayor peso de identidad propia, están experimentando en los últimos años un proceso de evolución que les conduce a la integración con las costumbres actuales, el rechazo a la segregación de género de sus figuras clave y a la consonancia con la normativa legal del momento. No podía ser de otra forma, pero también hay que admitir que tal maduración no resulta fácil porque hay mucha costumbre estática y algunos vicios que con el paso del tiempo se han introducido hasta la médula de la supuesta normalidad. Cuesta desprenderse de ellos.

Pero si la fiesta y su organización institucional es motivo de debate y cambio, aunque sea con algunos costes puntuales, significa que está viva y que la gente la necesita del mismo modo que la ha utilizado siempre para explayarse y reconocerse. También la requieren los pueblos, cada uno a su modo, porque sin ella andan cojos de identidad colectiva.

El hecho es que poco a poco y sin espacio para el trauma ni la ruptura hemos ido descubriendo a las dimonies y a las cossieres, por ejemplo. Dentro de una misma dinámica que ya no admite retroceso, ahora tendremos oportunidad de ver cómo Joan Mas, el Capità Dragut y el resto de personajes históricos del simulacro de Moros i Cristians de Pollença son representados por mujeres. El Ayuntamiento abre el reglamento a los términos inclusivos y no discriminatorios. Las elecciones, el designio popular de los o las elegidas, tendrá la última palabra, pero lo que ya sí parece decisivo es que, cumpliendo las normas establecidas, nadie, sea hombre o mujer, tendrá pretexto para considerarse excluido. Es una cuestión fundamental para que la fiesta responda a su nombre y a su cometido natural. n

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