Lletra menuda

La traición a los principios

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Los edificios religiosos de Mallorca han levantado sus estructuras, en general, a partir de dos grandes cimientos. Uno, la aportación humana y material del vecindario a la hora de construirlos y otro, las donaciones testamentarias directas por parte de quienes podían y querían contribuir a los fines y misiones propias de la Iglesia. Ahora los tiempos y las posibilidades han cambiado, pero esto no significa que sea consecuente remover los principios fundacionales.

Las congregaciones se reducen y van cerrando casas. La mayoría de ellas acaban en el mercado inmobiliario y con lo cual casi siempre surge la polémica y la indignación. Levantaron el convento con el esfuerzo de nuestros abuelos y ahora lo venden casi a escondidas. La frase ha adquirido ya condición de dicho popular. Monjas y frailes ganan con ello, pero la Iglesia no.

Seguro que Gatamoix no llegó a manos de los Escolapios con la finalidad de proporcionarles un negocio fácil. Por muchos «papeles» que tengan las Hermanas de la Caridad, la venta sigilosa de Ca ses Beates de Llucmajor resulta una traición a la voluntad de los donantes y una deslealtad hacia los fieles y el resto de entidades eclesiásticas locales. ¿Es este el carisma de las monjas de la Caridad?

Ahora que el precipicio de la falta de medios humanos se agranda, se vuelve más evidente la falta de una regulación diocesana sobre la enajenación o reasignación de uso de los inmuebles de titularidad eclesiástica. En este sentido, la diócesis, más allá de la norma, no puede seguir siendo una aglomeración de compartimentos cerrados en los que cada orden o congregación hace, en silencio, lo que considera oportuno. Basta la voluntad y la generosidad para revertir la tendencia.

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