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Basilio González Portugal: «El tenedor o la cuchara ya están dentro de la madera antes de empezar»

Hace décadas que Basilio González, ‘manacorí’ nacido en Asturias, transforma trozos de acebuche o limonero en obras de arte para cocinar

Basilio González, en pleno proceso de elaboración de una pieza. | S. SANSÓ

Basilio González Portugal (Caleao, Asturias, 1929), manacorí de adopción, sigue manteniendo la destreza en las manos característica de las personas a las que les gusta crear. A sus 93 años no deja pasar un día sin subir a su pequeño taller y tocar y obrar los trozos de madera en proceso de transformación. Una actividad a la que ha dedicado la vida pero de la que, curiosamente, nunca ha sacado un céntimo.

«El tenedor o la cuchara ya están dentro de la madera antes de empezar»

«El tenedor o la cuchara ya están dentro de la madera antes de empezar» Sebastià Sansó

Para buscar el origen de su pasión hay que viajar a mil kilómetros de la isla, a un pequeño pueblo de Asturias donde la escasez y el precio del metal llevó a sus habitantes a especializarse en los utensilios de cocina elaborados en madera. Aunque para arrancar esta historia es mejor empezar por Francia. Basilio pronto se cansó de las inclemencias de su tierra natal y emigró joven a París, donde su hermano era cocinero. Allí estuvo ocho años trabajando precisamente en la cocina de un restaurante. El tiempo necesario para conocer a su mujer Catalina, una manacorina que había viajado con una amiga, ambas trabajadoras de Perlas Majorica, completando un mes de trabajos para la fábrica en la capital francesa.

«El tenedor o la cuchara ya están dentro de la madera antes de empezar»

«Nos conocimos en la sala Bataclan. Le hablé claro, le expliqué cuáles eran mis intenciones… y no me dijo que no. Nos estuvimos carteando una buena temporada hasta que nos casamos y vine a vivir a Manacor», cuenta con una sonrisa mientras recuerda qué hizo en la capital del Llevant aquellos primeros años: «Estuve cinco años repartiendo para la bodega de vinos de Can Reus … y también en una granja de vacas». Basilio tenía experiencia. Había estado trabajando en el campo asturiano, con cabras primero y una manada de vacas que se llevaba a las montañas durante el verano y las bajaba en invierno cuando empezaba a nevar.

«Rápidamente vi que allí no tenía futuro. Recuerdo el día que lo decidí, porque fue bajando un puerto con el rebaño y la nieve que me llegaba a la cintura». En Contorgan, en el Puerto de San Isidro, cerca de León, de mayo a septiembre. «Allí teníamos una cabaña y cuadras con terneros. Bajábamos la leche al pueblo».

Las herramientas de madera

«Aprendí a cortar la madera observando a otros vaqueros viejos del pueblo que siempre lo habían hecho. Empecé con los tenedores. Todo se hacía de madera. El metal era poco común y costaba más. Las piezas suelen ser de acebuche o de limonero, que es más resistente y de un color amarillento muy bonito. Pero la mejor es la del acebuche cuando aún es verde, porque se puede cortar y manipular mejor». «Siempre digo que la cuchara ya está dentro del bloque de madera antes de empezar, se trata de sacarla a base de hacha, azuela y cuchillo. Trabajo unas 5 o 6 horas todos los días que puedo, así es que cada año puedo hacer unas 200 piezas perfectamente. Si durante el proceso puedo dejar unos días para que la madera se seque, mucho mejor».

«Si me trae la madera le haré una cuchara o un tenedor. Nunca he vendido ninguna, las hago porque me distrae y me gusta mucho el proceso». Basilio también ha hecho cuchillos, con el mango de madera y la parte cortante a partir de transformar un pedazo de sierra del sinfín. O incluso unas madreñas, los zuecos típicos de la zona norte de la península. «Trabajo casi todos los días del año, salvo cuando llega el calor en los meses de verano». «Para hacer una pieza puedo estar unas cuatro horas desde que la empiezo hasta que queda bien pulida».

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