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La mítica Dhraa volverá a ser una discoteca y un club de playa al aire libre

La propiedad alemana del complejo apunta que están a la espera de recibir la licencia de obra del ayuntamiento de Manacor El establecimiento fue vendido en el verano de 2021 por 250.000 euros después de casi 30 años abandonado

Una panorámica actual de la mítica discoteca Dhraa. | SEBASTIÀ SANSÓ

La mítica discoteca Dhraa, famosa entre mediados de los ochenta y principios de los noventa por sus fiestas temáticas y los conciertos veraniegos de artistas internacionales, volverá a tener una zona de baile. Según su propietario, Markus Wolfgang Breisch, «habrá nuevamente un área para eventos, así como una discoteca al aire libre y un club de playa de día». Un giro respecto al proyecto que hasta ahora había trascendido, más enfocado a que fuera un mercado gastronómico, con restaurante y los conciertos en directo aprovechando el gran patio central y la galería circundante que ocupa el primer piso.

Hace ahora un año y medio que el complejo de ocio fue vendido (tras dos décadas abandonado) a un empresario alemán por 245.000 euros. Una operación que también incluyó el restaurante Sol Naixent. Poco después de que los casi 9.000 metros cuadrados de Dhraa pasan a manos de la sociedad May Holding Baleares SL, empezaron los trabajos de remodelación que tuvieron que ser interrumpidos a medio camino por falta de la licencia pertinente.

En este sentido la actual propiedad explica que está «esperando la licencia de obras del ayuntamiento de Manacor». «Esperamos con ansias el hecho de que, con suerte, podamos comenzar la renovación pronto», ha dicho Markus Breisch en nombre de May Holding Baleares SL en redes sociales.

La fiesta del día en que se inauguró el establecimiento de ocio. |

Icónica silueta

Hacía años que su icónica silueta permanecía abandonada en medio de la carretera que va de Porto Cristo a Cala Millor, víctima de un esplendor apoteósico y de una caída no menos sonada. Una idea futurista nacida en 1986 de la mente de una serie de inversores locales, que contó por su diseño con los planos del famoso arquitecto madrileño José Ángel Suárez, y las aportaciones de artistas de referencia como Javier Mariscal, Miquel Barceló o Guillermo Pérez Villalta, quien diseñó un laberinto (hoy inexistente) terminado en una torre en espiral.

Precisamente la propiedad también pide «por favor» que, aunque los curiosos se sientan atraídos por ver qué hay dentro, no entren al edificio. «Es demasiado peligroso porque algunas partes corren peligro de derrumbarse», apunta Breisch, «sé que atrae mágicamente a muchos urbexeers», en alusión a los aficionados a visitar lugares abandonados.

Los terrenos de la antigua discoteca Dhraa pertenecían hasta el verano de 2021 a la familia Pascual ‘Frau’, quienes los vendieron tras años de intentos infructuosos.

«Para nosotros ya no tenía futuro, porque ninguno de nuestros hijos estaba interesado en un negocio así», explicaba entonces Pere Pascual, que conjuntamente con su hermana Joana eran los propietarios. «Desde que cerró lo habíamos ido manteniendo, sobre todo porque teníamos un vínculo sentimental, pero había llegado un punto en el que se estaba degradando muy rápidamente y era necesario hacer algo», aseveró.

Butacas para cines

Fue entonces cuando apareció Markus Wolfgang Breisch, un empresario alemán residente en Porto Cristo, vinculado al negocio de las butacas para cines y auditorios, aunque la SL figura asociada a la construcción y promoción inmobiliaria, además de negocios de restauración y hostelería.

Según el nuevo Plan General aprobado por el ayuntamiento de Manacor, tampoco es posible demoler lo ya existente y transformarlo en apartamentos o equipamiento turístico, dado su carácter rústico.

El conjunto dispone en la actualidad con permisos para piscina, bar, restaurante, sala de fiestas y sala de exposiciones, además de una zona de aparcamiento de 3.500 metros cuadrados con capacidad para aproximadamente 120 coches.

Más que una discoteca

Nacida de la voluntad de romper con el diseño clásico de los típicos espacios de baile, Dhraa fue mucho más que una discoteca al uso. Tanto que no pudo asimilar el éxito. Como una exposición de arte contemporáneo (en principio el propio arquitecto del complejo creía que el Dhraa funcionaría unos años y luego se transformaría en una gran galería), cada rincón quiso ser único y distinto, combinación de la perdurabilidad de gradas, balcones, piscinas, torres o laberintos, y la transitoriedad de la música, las fiestas y la gente que iría pasando por un espacio que nunca dejó indiferente.

De hecho su primer cartel promocional ya remarcaba que se trataba de un centro cultural, compuesto incluso hasta por una escuela de surf. Aún hoy su silueta no pasa desapercibida para el conductor ocasional.

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