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Ley de la Serra de Tramuntana: la debilidad administrativa

Eso de llevar adelante un proyecto legislativo de envergadura sin tener en cuenta al adversario político, descuidando el consenso y sin pensar que un día, en beneficio de los usos democráticos, habrá alternancia en el gobierno, ya es mal viejo y reincidente en Balears.

Son unas prácticas insanas que acaban instalando la inseguridad jurídica y la confusión ciudadana porque no queda norma duradera dado que cada turno de gobierno hace su disposición sin mirar más allá de su exclusivo hábitat político.

La propuesta de Ley de la Serra de Tramuntana presentada por el Consell incide en los mismos errores a pesar de haber sido sometida a un proceso de participación social. Se ha obviado a un segmento importante de la política.

La iniciativa incrementa de forma sustancial la protección del territorio y hace especial hincapié en los valores paisajísticos y agrícolas. Se percibe poca vida real en todo ello.

Los alcaldes de los municipios de la Serra gobernados por el PP se quejan de haber sido ignorados, cosa difícil de justificar, aunque solo hubiera sido por una cuestión de cortesía institucional.

Resulta llamativo que hasta el primer edil de Deià, un Lluís Apesteguía que también es el líder de Més, eche en falta la declaración de paisaje cultural y recuerde que la cordillera mallorquina no puede entenderse sin vida propia. En Esporles, también con gobierno nacionalista, notan a faltar más proyectos concretos.

Se está a tiempo de corregir y aumentar la participación y la pluralidad. De momento, el proyecto de ley se presenta inmaduro y cojo. Necesita desarrollarse con celeridad porque la Serra no puede esperar por más tiempo un amparo legal de su frágil diversidad.

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