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El Ayuntamiento pedirá que La Granja de Esporles sea BIC para afianzar su protección

La declaración de Bien de Interés Cultural daría a la administración un derecho de compra ante una futura venta, según destaca la agrupación local de PAS-Més - Josep Ferrà dice que debe evitarse que se reproduzca lo sucedido en el Hotel Formentor

Maria Ramon y Josep Ferrà delante de La Granja de Esporles.

El Ayuntamiento reclamará la declaración de Bien de interés cultural (BIC) de las casas de La Granja de Esporles y del conjunto de elementos de su entorno. La finca ha sido vendida recientemente por la familia Seguí a un grupo inversor extranjero que tendría la intención de convertirla en un establecimiento hotelero de lujo.

La agrupación local de PAS-Més per Esporles comunicó ayer que había presentado una moción en este sentido en el Consistorio, donde gobierna cómodamente con mayoría absoluta. Los impulsores de la iniciativa han sido Josep Ferrà, candidato a la alcaldía de Esporles, y Maria Ramon, responsable de la agrupación y actual alcaldesa, quienes se marcan un doble objetivo: «Obtener un derecho de compra frente a una futura venta e incrementar el nivel de protección ya existente».

Este movimiento político se produce después de que la noticia de la venta de la histórica Granja de Esporles, cuyas raíces se remontan incluso a la dominación romana, haya puesto «en alerta a mucha gente del pueblo por la amenaza que podrían suponer unas futuras obras en la possessió», aseguraron desde la agrupación local.

«El reciente caso del Hotel Formentor en Pollença es un ejemplo de lo que no queremos para Esporles», manifestó Ferrà, en referencia a las controvertidas obras efectuadas en el emblemático establecimiento hotelero pollencí, denunciadas por la oposición y por el GOB por no respetar el proyecto original de rehabilitación.

La figura de BIC

La figura de Bien de Interés Cultural permitiría, según explicó Ferrà, «el derecho de tanteo y retracto del Consell o, subsidiariamente, del Govern sobre las futuras transmisiones de la propiedad o de cualquier derecho real sobre los bienes de interés cultural y los bienes catalogados». «De esta forma la administración pública se garantiza una opción de compra de una de las joyas patrimoniales de Balears», destacó.

A la hora de remarcar el argumento de la importancia histórica de la possessió, la formación econacionalista recordó que la propiedad ya aparece en el Llibre del Repartiment y que el edificio principal data de la época medieval, concretamente tiene su origen en un monasterio cisterciense fundado en el siglo trece. Desde la agrupación local de Més enfatizaron que existe también un conjunto de elementos arquitectónicos, patrimoniales y paisajísticos que son «singulares», como el patio, las fuentes, el aljibe y un tejo «que es, sin lugar a dudas, el árbol más antiguo conocido en Balears».

En esa línea, Maria Ramon recordó que tanto las casas de La Granja como los jardines, la almazara, el reloj de sol y caminos de la finca, entre otros elementos, están recogidos en el Catálogo Municipal de Patrimonio Histórico y «cuentan con el nivel de protección integral, que es el más alto del catálogo». La alcaldesa detalló que este tipo de protección «implica una preservación íntegra del bien protegido, es decir, sin posibilidad alguna de cambio que comporte una modificación en la estructura, distribución y acabados».

Gran atractivo de la Serra

La Granja de Esporles se había convertido en uno de los principales atractivos de la Serra de Tramuntana tanto para turistas como para residentes. Su edificio principal, que data del siglo diecisiete y tiene una superficie de 3.800 metros cuadrados, está rodeado por jardines, estanques y pozos.

En los amplios salones de finca se organizaban eventos y todo tipo de celebraciones. También acogía muchas visitas escolares. El visitante podía disfrutar de un recorrido museístico, además del servicio de restaurante y de bar.

Los orígenes de la finca se adentran en lo más profundo de la historia. El terreno que actualmente ocupa la Granja de Esporles era muy valorado ya por los romanos debido al gran caudal de su manantial.

En su dilatada historia ha tenido diversos dueños, como los monjes cistercienses, Mateo Vidal, la familia Fortuny, la familia Seguí y, finalmente, el actual grupo inversor extranjero.

Cuando finalmente se formule la declaración de BIC por parte del Consistorio, la tramitación del expediente la asumirá el departamento insular de Cultura y Patrimonio, que ya se ha mostrado «favorable» a la protección, según informó Més.

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