Entrevista | Entrevista

Antoni Tugores: «En el franquismo, la prensa local no fue reflejo de nada más que de sus delirios»

Tugores explica que las publicaciones pasaron a tener «un carácter adoctrinador, ocultando hechos y omitiendo nombres que no interesaban»

Antoni Tugores posa para este diario durante la entrevista.

Antoni Tugores posa para este diario durante la entrevista. / Sebastià Sansó

Sebastià Sansó

Sebastià Sansó

Antoni Tugores (Manacor, 1948) presenta el próximo jueves a las 20 horas en la Institució Alcover de Manacor, ‘Les plomes de Franco. La premsa ‘nazional’ durant la Guerra Civil (1936-1939)’, un interesante ejercicio que sitúa frente el espejo las manipulaciones de la prensa local durante los primeros años del franquismo, en pro de una exaltación sin complejos del nuevo régimen.

¿De dónde surge la idea de este nuevo libro?

Nace como una respuesta personal a la pandemia. Me vi en la tesitura de no poder ir físicamente a buscar información a los archivos, así que decidí aprovechar todo el material que ya tenía acumulado de la prensa local, entre el final de la segunda república, la guerra y la postguerra y mostrar hasta qué punto esa prensa devota del nuevo régimen manipulaba la realidad a su conveniencia. Todo ello complementado con datos de lo que en realidad estaba sucediendo, con el fin de que el lector valore.

¿Hasta dónde llegaba la manipulación de los hechos?

Hasta el punto que el periodismo como tal llegó a ser inexistente. Se basaba en muchos artículos de opinión con un marcado culto personal a la figura de Franco, llevándolo todo a una exageración que llegó a ser vomitiva. No existía el reportaje ni la entrevista. Me interesa mostrar a la gente cómo era la prensa y cómo podía tergiversar la realidad cuando no hay ningún interés en contarla. Recojo fragmentos textuales, con el fin de que sea la propia prensa y sus ‘periodistas’ los que hablen. Ponerlos delante del espejo. Reflejaban una realidad imaginaria, una realidad virtual que diríamos hoy.

¿En el caso de Manacor, las loas eran todas para Franco?

También hubo por ejemplo un especial interés en la figura del Sant Cristo de Manacor, en presentarlo como hacedor de milagros, siempre de parte de los Nacionales. Como la vez que se le otorga la función de dirigir los cañones hacia el enemigo durante el desembarco republicano en Porto Cristo. No era un culto religioso de caridad o misericordia, sino un culto hacia su imagen para acabar con el enemigo.

¿Qué pasó con los periodistas de la república?

La prensa de izquierdas que escribía durante la segunda república fue depurada con presiones y muchos de los periodistas que estaban al frente del semanario ‘Nosotros’ fueron directamente asesinados.

¿De dónde salen esos nuevos ‘periodistas’ pues?

No existe una prensa de derechas como tal. El control de las publicaciones locales lo toma Falange. No hay como antes una réplica reflexiva y bien redactada desde la derecha. A partir del golpe de Estado es simple propaganda panfletaria. Son miembros de la Falange ejerciendo de periodistas, con algunos colaboradores incluso más radicales, muchas veces por conveniencia. Son discursos no para amenazar a la izquierda, que también, sino más dirigidos a la derecha, para que aprueben la represión y haya las menos voces discordante posibles.

¿Por dónde empezaron?, ¿fundaron un nuevo semanario?

Toman el control del semanario conservador ‘Voz y Voto’. Evidentemente como sólo admitían una voz, que era la del mando único y el voto no querían ni mentarlo, rápidamente se le cambia el nombre a ‘Renacer’, que creen más adecuado y que recuerda a parte de su himno. Siguen la misma numeración hasta que, posteriormente, lo refundan con el nombre de ‘Arriba’.

¿El discurso vehemente tras el golpe se va apagando?

La beligerancia en el discurso no se relaja hasta más adelante. Lo que sí que baja de intensidad es esa represión incontrolada en el momento en el que cambian al Gobernador Civil de Palma, en abril de 1937. Ya se establecen ‘juicios’ con abogados defensores de oficio, normalmente un militar joven y sin experiencia, que no ofrecen garantías procesales. Algunos son condenados incluso en el ayuntamiento de Manacor.

¿Se trata de crear un dogma?

La prensa local pasa a tener un carácter adoctrinador, ocultando hechos y omitiendo nombres que no interesan. Adoctrinan sobre todo a los niños, a la gente con menos recursos o a los hijos de asesinados. Esos discursos iban calando en la gente de buena fe que, por repetición, creían en lo que leían. También se obvian personas que habían sido políticamente importantes en Manacor. No se nombra nunca por ejemplo al ‘batle Garanya’, simplemente por desprecio, para no evocar antiguas figuras que no les interesa que se recuerden.

¿Había una prensa escrita o pensada para mujeres?

Demuestran muy poca consideración por la mujer, a la que identifican como tonta y débil, a la que hay que explicar bien las cosas porque le cuesta más entenderlas. Entre tantos hombres hay solo una voz femenina, la de Francisca Grimalt, con un discurso afín pero no tan violento, sino más bien cursi.

¿Cuándo acaba ‘Arriba’ o empieza a haber más publicaciones en Manacor?

En mayo del 68, como ya existía un periódico de tirada nacional que también se llamaba ‘Arriba’, le obligan a cambiar de nombre y pasa a ser el ‘Manacor’. En 1963 ya había nacido ‘Perlas y Cuevas’, que como fue fundado por un capellán no fue considerado problemático.

¿Había visiones diferentes en la prensa profranquista? ¿Y en la sociedad local de derechas?

Hubo muchos bandos dentro de una misma ideología: los militares africanistas, los religiosos dominicos, los falangistas y los republicanos conversos, que para demostrar que habían cambiado tenían el discurso más punzante. Por supuesto que había manacorins de derechas que no comulgaban en absoluto con la Falange, simplemente porque no eran asesinos. Hay un episodio documentado en el denominado Bar dels Senyors, donde llenan de cenizas la urna con la que Falange pedía tabaco para enviar al frente. En aquellos momentos no había dos Españas como se suele decir, sino cuatro: la derecha moderada, la radical, la izquierda reflexiva y también la extrema izquierda asilvestrada… más o menos como ahora. Asimismo, la Falange no se llevaba nada bien con los militares, a quienes solía ningunear.

¿Si no había un reflejo de la verdad, para qué nos pueden servir hoy esas publicaciones?

Durante esos años la prensa no era reflejo de nada más que de sus delirios. Evidentemente hay algunas crónicas con pinceladas de realidad, pero siempre acompañadas de las opiniones interesadamente tergiversadas que le decía. Lo que hago es simplemente apostillar para describir lo que estaba pasando en cada momento y no cuentan, en base a documentación de los juzgados militares, por ejemplo. Es una prensa válida como hemeroteca, que ofrece información sobre los muertos o las bajas manacorines del bando Nacional en el frente de guerra.

¿Cuánto de difícil fue para la prensa ‘manacorina’ posterior recuperar el prestigio?

Esa rémora se mantiene dentro del periodismo local durante muchos años hasta que van surgiendo nuevas voces.

¿Es un libro de denuncia?

No lo es; lo que trato es de reflejar que la guerra es pura propaganda.

¿Cree que habrá algunas personas que todavía se indignen con lo que se cuenta?

Serán los que siempre dicen que no hay que remover estos temas, que son los mismos que sin embargo no tienen problemas en hablar de la guerra de la Independencia o de los Reyes Godos. Todos tenemos derecho a saber lo que en realidad pasó.

¿Nos puede volver a pasar lo mismo? Dejarnos influenciar de tal modo…

Antes, la base del criterio de la gente estaba en la educación que ofrecía la República, por eso la hicieron caer. Hoy el sistema es lo suficientemente perverso para que ya no haga ni falta hacer nada. Pienso que la gente es manipulable, pero por una incultura consentida.

Suscríbete para seguir leyendo