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Diario de Mallorca

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Viajes de fin de curso a s'Arenal y Magaluf, ¿otro tipo de turismo de excesos?

El ayuntamiento de Llucmajor rechazó habilitar un ‘botellódromo’ para los alumnos de viaje de estudios, como proponían algunas empresas organizadoras - Los expertos dicen que hay perseverar para revertir la «leyenda negra» de que Mallorca es sinónimo de ‘todo vale’

Un grupo de jóvenes en viaje de estudios, caminando por una calle de Magaluf (Calvià), esta semana. | JUAN LUIS IGLESIAS

Reflexión cazada al vuelo de las redes sociales, esta semana: «¿Soy yo o media España viene a Mallorca de viaje de fin de curso?». Media, lo que se dice media, no, evidentemente, pero miles de jóvenes españoles sí que vendrán a la isla durante este mes para celebrar que las clases han finalizado y emprender un viaje que en muchos casos es iniciático.

Destinos como s’Arenal de Llucmajor o Magaluf (Calvià), con una abundante planta hotelera, aparecen entre los preferidos por los alumnos, que son objeto de agresivas ofertas por parte de empresas especializadas en estos viajes. Una semana, con todo incluido en un hotel de s’Arenal (incluidos los desplazamientos en barco o avión desde la península), se publicita por 285 euros.

Como suele suceder en Mallorca, la cantidad suele degenerar en excesos y de ello dan testimonio los vecinos de s’Arenal de Llucmajor, que esta semana se lamentaban del ruido y los desmanes varios esta marabunta escolar a su paso por las calles de este núcleo; una marabunta rebosante de hormonas y ganas de fiesta que suele estar en un segundo plano mediático respecto a los desmanes cometidos por los turistas extranjeros en los puntos calientes de la isla.

«Es lo de cada año», se lamenta el vicepresidente de la asociación vecinal Amics de s’Arenal, Antonio Ojeda. «Lo peor es que como no pueden estar en la playa se los llevan a la explanada del parque acuático. En ese trasiego hay de todo. Roturas de espejos, orines… Es un tema que lleva bastantes años. Lo que pasa es que antes quizá venían con maestros y eran grupos más pequeños. Ahora vienen con empresas. Venden un producto que no existe: el ocio nocturno. S’Arenal se ha quedado casi sin ocio nocturno. Como no hay discotecas, tienen que estar por la calle. Muchos se van a BCM, pero claro muchísimos se quedan aquí y quieren hacer botellón», relata.

"Venden un producto que no existe: el ocio nocturno. S’Arenal se ha quedado casi sin ocio nocturno. Como no hay discotecas, tienen que estar por la calle"

Antonio Ojeda - Amics de s'Arenal

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Ojeda señala que, además, éste no es un tipo de turismo que aporte un valor añadido a la zona. «Es un tipo de turismo que no es conveniente para la zona. No interesa a las tiendas, a los restaurantes... En lo único que gastan es en el supermercado. Es muy poco lo que se obtiene por la cantidad de molestias. Y, además, el turista que venga en esta época no vuelve», sostiene este representante vecinal, quien indica que los hoteles llegan a habilitar camas supletorias en las habitaciones para albergar esta demanda.

La playa de s’Arenal de Llucmajor, abarrotada de estudiantes, el pasado fin de semana. |

20.000 estudiantes

El ayuntamiento de Llucmajor es consciente del problema y lleva desde principios de año «hablando con delegación de Gobierno y empresas y sectores afectados», apunta la teniente de alcalde y concejal de Comercio, Noemí Getino (Cs). «No podemos prohibir este tipo de turismo, pero no nos gusta cómo se organiza y las cosas que pasan. Desde Delegación de Gobierno recibimos algo de ayuda, sí, pero insuficiente», apunta Getino, quien señala que s’Arenal de Llucmajor recibirá durante el mes de junio a más de 20.000 estudiantes. «Y, además, están los que se alojan en Palma, que acaban quedando en s’Arenal, porque saben que es aquí donde se monta la fiesta», agrega.

«No podemos prohibir este tipo de turismo, pero no nos gusta cómo se organiza y las cosas que pasan. Desde Delegación de Gobierno recibimos algo de ayuda, sí, pero insuficiente»

Noemí Getino - Teniente de alcalde de Comercio en Llucmajor

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La teniente de alcalde llucmajorera manifiesta que han tenido varias reuniones con las agencias de viajes que organizan estos desplazamientos. En uno de estos encuentros, esas compañías propusieron al Consistorio la idea de que habilitasen un recinto para que esos jóvenes hiciesen botellón, cobrándoles una entrada simbólica para entrar, de forma que se les tuviese concentrados en un lugar a efectos de lograr un mayor control. El Ayuntamiento, presidido por el alcalde Eric Jareño (PP), lo rechazó con rotundidad. «Ni se nos ha pasado por la cabeza un ‘botellódromo’ de estas características. No sólo es que, en las ordenanzas municipales, esté prohibido el botellón. Además, hay que tener en cuenta que muchos de ellos son aún menores de edad», argumenta la teniente de alcalde.

Seguridad privada en la playa

Getino detalla que el Ayuntamiento había hecho los trámites para tener seguridad privada en la playa este verano, a fin de controlar las aglomeraciones nocturnas que se suelen producir. «Pero, cuando ha llegado el momento de contratarla, no había personal para cubrir el servicio. Ahora miramos si lo podemos hacer con empresas de la península. No damos abasto con los recursos», prosigue la regidora, quien cifra «en unos 3.000» los estudiantes que se mueven diariamente por la zona.

Uno de sus principales puntos de encuentro es el aparcamiento del parque acuático del núcleo, donde cada mañana se tiene que hacer una limpieza exhaustiva para quitar los restos de la fiesta de la noche anterior. Y lo que es más grave, apunta Getino, es que, para llegar a este párking, los estudiantes atraviesan de noche la carretera.

«El otro día, la carretera tuvo que estar cerrada tres horas, porque continuamente pasaban estudiantes de un lado a otro. Allí quedan y hacen botellón. En la playa no se les deja entrar con vidrio o bebidas alcohólicas y por eso se van a otro lado», expone.

En Calvià, otro destino habitual de los viajes de fin de curso, recuerdan que hace unos años sí que había un «desembarco» multitudinario de alumnos de Erasmus, por ejemplo. «Venían 3.000 ó 4.000 de golpe», rememora la primera teniente de alcalde y portavoz municipal, Nati Francés (PSOE). «Ahora, es cierto que tenemos estudiantes en Magaluf, Santa Ponça o Peguera, pero el desembarco no es tan brutal como antes. ¡Al menos hasta el momento!», señala.

Respecto a si el Ayuntamiento ve con buenos ojos este tipo de turismo, Francés sostiene que a priori no se posicionan contra la llegada de visitantes al municipio, en general. «Queremos que vengan a disfrutar de nuestras playas, de las excursiones, de la oferta de ocio nocturno de calidad… Eso sí, lo que no queremos es que vengan a emborracharse al límite y a destrozarlo todo», apunta.

Ocio de calidad

Los expertos apuntan que hay un problema de base para explicar estos viajes de estudios que acaban convirtiéndose en ocasiones en viajes de botellón: la normalización de la diversión asociada al consumo de alcohol. Así se expresa la doctora en Sociología y responsable de coordinar los proyectos de prevención en el Instituto Europeo de Estudios en Prevención (Irefrea), Montse Juan, quien apunta a esa «leyenda negra de ocio nocturno de desfase» en Mallorca, idea alimentada sobre todo por la prensa sensacionalista británica.

«El problema es que nos etiqueten como que aquí pueden venir a hacer lo que les dé la gana», agrega Juan. Para combatir este tipo de modelo de ocio, destaca, está el papel que desempeña la Plataforma per a un Oci de Qualitat de Balears, integrada por administraciones, empresas y organizaciones de la sociedad civil, incluida Irefrea.

Una plataforma que, como subraya Juan, «está siendo la solución para muchos problemas asociados a esta realidad». Unas herramientas que no son sólo para los jóvenes de Balears, sino también para los que vienen a hacer turismo. «Es muy importante por ejemplo la colaboración multisectorial para avisar de que no se puede servir alcohol a los menores», apunta esta representante de Irefrea, quien ensalza el trabajo que se realiza para hacer ver que «Mallorca tiene muchas más cosas que ofrecer» que venir a emborracharse.

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