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Diario de Mallorca

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Lletra menuda

El revelador empujón del mar

Una pareja camina por la orilla de la playa de es Trenc. T. Obrador

Cuando algo o alguien se siente amenazado por aproximación inesperada, la tendencia natural, a falta de mayores recursos, es protegerse a base de empujones. Es la necesidad de alejar al enemigo a la desesperada.

La defensa es un instinto natural no solo de las personas, también de animales y hasta de los sistemas más potentes del medio natural. Cuando todos estamos convencidos de que nadie pone freno al mar, resulta que los humanos, por lo menos los que vivimos y descansamos en Balears, hemos sido capaces de sacarle de sus casillas a base de irreverencias medioambientales y obligarle a imponer su posición de fuerza.

Una quinta parte de las playas de Mallorca retroceden medio metro cada año. Sus parámetros naturales se modifican de forma acelerada debido al incremento de la presión humana, por la construcción y por unos sistemas de regeneración que, aparte de ineficaces, resultan muy costosos. Eso sin contar la inadecuada retirada de los restos de posidonia. Además, con todo este trajín en el litoral, la calidad del agua baja de la condición de excelente a simplemente buena. Son las conclusiones del informe Mar Balear 2022.

En estas condiciones, resulta más comprensible que Costas se lo esté pensando mucho a la hora de la renovación de concesión de chiringuitos y sus terrazas y llama la atención que las ordenanzas eficaces para cuidar el litoral tarden tanto en consolidarse. Por eso el empujón del mar a la sociedad que disfruta y abusa de él ha sido más rápido y contundente que la sensibilización y respeto de la gente. Es, además, una bofetada al futuro y a la Administración inactiva en forma de pobreza de recursos y debilidad del potencial turístico, precisamente en una isla que vive del mar.

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