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Entrevista
Maria Antònia Fuster Cabreru Propietaria de Can Fernando, comercio emblemático

«Las telas no son el negocio de antes, solo alcanzan para un sueldo»

«Ser establecimiento emblemático no conlleva una compensación económica pero desde este verano cuando ya se hablaba de ello, sí que hemos notado un aumento de la actividad»

Maria Antònia Fuster posa entre telas, tijeras y cintas métricas en la tienda de Can Fernando. | SEBASTIÀ SANSÓ

Can Fernando es todo un emblema comercial en Manacor. Fundada oficialmente en 1880 como tienda de telas y confección, sigue donde empezó, situada en la parte alta de la que fue la gran calle comercial de la ciudad hasta los años 70. Ahora, catalogado como establecimiento emblemático por el Govern, pervive con un estilo inconfundible entre rollos de tul, satén o tela de llengües, casi inalterado desde la última reforma del local, en 1957.

Una clienta pide consejo, otra entra con las ideas claras y pide la tela negra que ha elegido para su vestido. Se habla sobre el barrio, sobre la vida. La vara de medir y las tijeras completan la jugada. Al lado, un comercial catalán de nuevos tejidos espera paciente mientras saca algunas muestras de su bolsa de deporte… Entran dos señoras más preguntando por «telas de cómic». La mañana pasa entre ajetreada y lisa, en un extraño juego de negocio y relaciones sociales. La vida, vamos.

¿Cuándo se fundó el negocio?

Los papeles oficiales son de 1880, pero sé que hay información en archivos sobre el local, que sitúa su apertura un poco antes incluso. Uno de los primeros propietarios fue Joaquín Fuster Manxa, que pese a la coincidencia de apellido no sé si exactamente era familia o no… En todo caso siempre ha sido un negocio familiar desde que yo lo recuerdo. El abuelo de mi padre también se llamaba Joaquín Fuster pero no tenía el mismo malnom. Cuando murió su mujer cogió el negocio, después mi abuelo.

Y ahora usted.

Sí, ahora lo llevo yo sola todo. Tenga en cuenta que las telas ya no son el negocio que podían ser antes, y solo alcanza para un sueldo… y siendo ahorrador. Antes, hasta los años setenta u ochenta, también teníamos servicio de confección. Recuerdo que mi madre, a mediodía, hacía patrones y llevábamos a coser vestidos a modistas. También teníamos paraguas, camisas, sábanas hechas etc. Ahora vendemos lo que son puramente telas, ampliando materiales y estilos.

¿Para qué quieren sus clientes esas telas hoy en día?

Sobre todo para cortinas, para elementos pagesos, ropa para casa, para hacer manualidades, telas económicas, para disfraces o fiestas. O también para gente del teatro, hoteles o ayuntamientos que quieren crear espacios o decorados específicos.

¿El final está cerca, o a Can Fernando le queda cuerda para rato?

Digamos que le veo futuro a medio plazo, porque no sé si a largo lo habrá. Como le decía, ha llegado un punto en el que hay que mirar mucho por la hucha del negocio y tener una gran implicación. De lo contrario no funcionaría. Tenga en cuenta que si tengo que salir, debo cerrar el negocio el tiempo que esté fuera.

¿Qué tal se lleva con las nuevas tecnologías?

Abrí un Instagram, pero la verdad es que lo utilizo poco por falta de tiempo, y porque en mi caso es más cómoda y efectiva la comunicación por WhatsApp.

¿Cuál es la tela más distinguida o peculiar que tiene en catálogo?

Pues no se lo creerá, pero una de las últimas que he incorporado y que está teniendo más éxito es la llamada tela de fogasser, blanca y con agujeritos, que yo creía que solamente se vendía en las farmacias…

¿Para qué se utiliza?

Sirve para colar el saïm de la sobrasada o el serum cuando se elabora, por ejemplo, queso tierno. Básicamente sirve para separar el líquido, la parte grasa de los alimentos.

Uno de los elementos más bonitos sigue siendo el nombre, el letrero...

El letrero con el nombre actual lo puso mi abuelo y lo patentó, por así decirlo, un hermano que ya murió. Las letras de mármol son muy bonitas, toda una seña de identidad de la tienda. Hace unos años solicité una subvención para reformar la fachada y me llegaron a insinuar de cambiar las letras por otras más modernas, pero no estuve de acuerdo.

¿Qué opina de la degradación de la calle del Pou Fondo donde está? ¿Ve una solución?

Hace años o incluso diría décadas, que esta calle está en una clara decadencia. Pensar que en el Pou Fondo prácticamente cada bajo era una tienda detrás de otra, y hoy ver que todo está cerrado, da muchísima pena. Creo que la administración ha tenido tiempo suficiente para corregirlo pero no se ha hecho. Hace veinte años también perdimos el Goya, el cine de barrio que quedaba en medio de la ciudad a solo unos metros de aquí. Cuando oscurece, además, hay mucha falta de luz, casi ni se ve. Así que casi por miedo, cuando veo que las tiendas que quedan cerca cierran, yo también procuro irme. Y eso que estamos cerca del centro…

El hecho de ser nombrado establecimiento emblemático conlleva un ‘premio’ económico?

No, en principio no hay ninguna compensación económica, aunque sí que veo que este verano, cuando ya se estaba hablando de ello, hemos tenido más actividad que otros años. Sobre todo de alemanes buscando las tradicionales telas mallorquinas de llengües.

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