Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Huelga de basuras | Crónica de los días en que Mallorca olió mal

Vecinos, comerciantes y trabajadores de la basura relatan cómo vivieron la huelga que se aplazó el pasado lunes, dejando un reguero de polémicas sindicales y tensiones con los ayuntamientos

Un montón de bolsas de basura apiladas en una calle de Inca, el pasado fin de semana. Manu Mielniezuk

Para entender lo que significó la huelga de basuras que durante cinco días afectó a buena parte de Mallorca -los municipios con el servicio de recogida subcontratada-, hay que descender a pie de calle y escuchar testimonios. Voces como las de María, una vecina de Consell que dice sentirse aún impresionada por las «enormes ratas» que vio ese día.

Para captar la dimensión de esta huelga, también hay que escuchar a Catalina, con un negocio en el centro de Felanitx: «Hemos llegado a acumular en la portassa siete bolsas con envases y una docena de bolsas de basura. ¿Los trabajadores quieren cobrar más? Yo también soy autónoma y me gustaría cobrar más». Y, como es lógico, hay que escuchar igualmente a este trabajador del servicio de recogida: «Llevamos más de 10 años sin subida de sueldos. Nos han tratado como a perros».

La huelga de basuras que empezó el jueves día 14 por la noche y que no se suspendió hasta el pasado lunes 18 ha dejado un reguero de tensiones entrelazadas: ayuntamientos molestos por el no cumplimiento de los servicios mínimos; trabajadores enfadados con ayuntamientos que han tirado de recursos propios para quitar los residuos de las calles; incendiarias consignas sindicales (con mención especial para el delegado sindical de CCOO Miguel Pardo y su ya famosa frase, tras el principio de acuerdo: «Ahora no os matéis a trabajar»); y vecinos sumidos en la desinformación y que, a su pesar, se han dedicado en muchas ocasiones a ‘pasear’ sus bolsas de desechos de vuelta a casa al ver que nadie las recogía.

La raíz de lío de las basuras reside en la falta de un convenio autonómico del sector que armonice las condiciones de los trabajadores de las diferentes contratas que existen en Mallorca, menos en aquellos municipios que tienen el servicio internalizado como puedan ser Calvià, Palma, Sóller y Pollença. «Que nadie se quede fuera», ha sido la consigna más repetida desde el inicio del conflicto por los representantes sindicales.

Convenio autonómico

De hecho, en el principio de acuerdo ratificado el pasado lunes por la asamblea de trabajadores de CCOO -sindicato mayoritario en el sector-, se estableció que se creará un grupo de trabajo que analizará todos los casos municipales para que todas las contratas en vigor puedan incorporarse al convenio autonómico en el plazo máximo de «seis meses o un año». El sentimiento de este colectivo laboral lo sintetiza uno de los empleados del sector: «Sé que es una gran molestia la huelga, pero hay que entender que llevamos más de 10 años sin subida y cada año se han reído de nuestro trabajo. Nos han tratado como a perros y, por eso, decidimos que basta ya. Si no lo hacemos, seguirán 10 años riéndose de nosotros».

De momento, la bomba de relojería está desactivada, a la espera de cómo se cierren los últimos flecos de la negociación. Pero el recuerdo de los días de la movilización aún pervive, sobre todo, porque en algunos municipios la basura se acumulaba en las calles hasta bien entrada la semana.

Un hombre caminando por una acera repleta de basura, el pasado fin de semana. M. Mielniezuk

Los alcaldes han estado en primera línea de las quejas vecinales. «He vivido estos días con mucha preocupación. Me ha quitado el sueño. Había basura por todas partes. Y aún lo vivo mal, porque me disgusta que los ciudadanos deban vivir esta situación. También lo vivo con impotencia, impotencia de ver que la basura se iba acumulando y no podíamos hacer nada», manifiesta la alcaldesa de Felanitx, Catalina Soler (PP). «En los días de huelga, prácticamente no se recibieron quejas. Las quejas se han disparado cuando los ciudadanos han sabido que la huelga se había aplazado y que se seguía sin recoger la basura. Los primeros días, la ciudadanía lo entendió porque sabía que la gente tiene derecho a huelga, pero lo que ha ocurrido una vez anunciado el aplazamiento del paro no se entiende», agrega Soler.

14 de octubre

Empieza la huelga, a expensas de un acuerdo de última hora. A las 21 horas, se iniciaba la huelga, aunque un par de horas después se llegaba a un principio de acuerdo que parecía que pondría fin al conflicto.

15 de octubre

Los trabajadores votan a favor de continuar la movilización. Una asamblea de trabajadores de CCOO decidía por un estrecho margen (148 a 141) rechazar el principio de acuerdo y continuar con la movilización.

16 de octubre

Los municipios piden que se respeten los servicios mínimos. En el tercer día de huelga, la Federació d’Entitats Locals de Balears (Felib) solicitó que se respetasen los servicios mínimos establecidos.

17 de octubre

Trabajo negocia con las partes implicadas en el conflicto. El domingo, hubo una reunión convocada por la dirección general de Trabajo para mediar entre las partes enfrentadas en el conflicto laboral.

18 de octubre

Aplazan la huelga, pero no la desconvocan. En esta ocasión, los trabajadores sí respaldaron el principio de acuerdo y ratificaron el aplazamiento de la huelga, que no la desconvocatoria.

El pasado jueves, prácticamente tres días después de la desconvocatoria de la huelga, algunas calles de Felanitx aparecían con bolsas de basura acumuladas. En el Carrer Major, donde tiene un negocio, Margalida Bonnín explica cómo vivió esas jornadas: «Saqué la basura el domingo cuando dijeron que pasarían (los servicios mínimos). La sorpresa fue que el lunes por la tarde estaban aquí las bolsas. ¿Qué hicimos? Las pusimos en un corralito pequeño. Llegamos a acumular 6 ó 7 sacos, cada saco pesaba unos 15 kilos».

Sobre los motivos de los trabajadores para movilizarse, se muestra comprensiva: «Ellos tienen razón, porque piden un sueldo digno por un trabajo pesado, de noche. Deben cobrar lo que es digno. Pero lo que pasa es que las empresas y los ayuntamientos deberían llegar a un acuerdo para que los trabajadores cobrasen un sueldo digno y no pagásemos nosotros las consecuencias».

No todo ha sido comprensión hacia los trabajadores movilizados. María, vecina de Consell, aún se muestra escandalizada por la «cantidad de ratas» que ha visto por las calles del pueblo. «¡Daba pena!», se escandaliza, antes de mencionar que cuando estuvo en Inca vio cómo los contenedores al lado del PAC estaban a rebosar. Mientras, Catalina Sbert, que regenta un forn en la part forana, apunta cómo la basura se fue acumulando en su patio, hasta casi fermentar. «¿Quieren cobrar más? ¡Yo también! Soy autónoma y la pandemia nos ha afectado mucho», sostiene. Uno de los agravantes de la crisis fue que los servicios mínimos no llegaron a a aplicarse de forma correcta, como coinciden en señalar varios alcaldes. «Los servicios mínimos no se cumplieron, porque los piquetes bloquearon sus salidas y, una vez aplazada la huelga, no han cumplido con su servicio. Nuestra interventora ya nos ha pedido la relación de los servicios mínimos, porque ningún ayuntamiento puede pagar por un servicio que no se ha prestado», señala la alcaldesa de Santanyí, Maria Pons (PP), aún indignada con las arengas sindicales de Pardo. «No puede seguir siendo el negociador», dice.

En Manacor, tampoco se cumplieron los servicios mínimos «y eso debe repercutir en la empresa», explica el regidor de Medio Ambiente, Sebastià Llodrà, quien añade: «No pagaremos por un servicio que no se ha prestado». Llodrá reconoce que los trabajadores «tienen un sueldo por debajo de lo que se considera digno», pero asegura que los ayuntamientos «tienen poco margen de maniobra». A la espera de cómo se cierra un conflicto aún abierto, los vecinos confían en la buena predisposición de las diferentes partes para negociar, porque, si no, volverá «el mismo lío».

Compartir el artículo

stats