Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista
Rafel Perelló Escritor e investigador

«La cara oculta de la cultura tradicional mallorquina es atrayente sin importar estudios o clase social»

El investigador hace años que recorre Mallorca en busca de creencias, supersticiones y embrujos comunes. Pronto editará un libro recopilatorio

Rafel Perelló posa para la entrevista de este diario. | SEBASTIÀ SANSÓ

Rafel Perelló (Manacor, 1963) es un hombre tranquilo, de sabiduría creciente e inquietudes diversas. Pintor, músico, escritor e investigador, hace años que recorre Mallorca en busca de creencias, supersticiones y embrujos comunes a la mayoría de pueblos de la isla. Pronto editará un libro recopilatorio con toda esta sapiencia perdida e inquietante.

¿Se habla poco de la cara oculta de la cultura tradicional mallorquina?

Considero que es algo de lo que no se ha escrito o recopilado suficientemente. Ya existen libros y estudios sobre cocina o baile tradicional, pero falta hablar de la parte oculta, de la magia, de la brujería, las supersticiones o las creencias populares, que muchas veces están más socializadas de lo que creemos. Es una herencia inmaterial que se ha ido perdiendo.

¿Por qué no atrae tanto?

Porque es inherente al hombre, que siente curiosidad por los ritos y las creencias ancestrales. A mí me han parado científicos y gente con carreras universitarias para saber cuándo saldrá el libro, porque no quieren perdérselo. Y eso interesa a todo el mundo sin distinción de clases sociales. Está en el ADN. ¿Si no porque antes la gente iba a misa y por tanto creía en Dios, mientras paralelamente hacía todas estas cosas?

Una curiosidad desde que nacemos. ¿También hay superstición en eso?

Sí, exista la creencia en la potencia de la placenta, del saco amniótico. Los hombres que se iban a la Guerra Civil, si podían se llevaban un trozo de placenta seca, porque decían que eso les guarecería de las balas. O también para otras cosas como por ejemplo para que no te picaran las arañas. Se otorga poderes mágicos a ciertos objetos que funcionan como amuletos. O animales que utilizados de cierta forma tienen poderes mágicos. Algunas creencias todavía en práctica.

¿Por ejemplo?

Colocarse un otolito de escorball, que es la substancia calcárea que segrega este pez a cada lado de su cabeza, para el dolor de cabeza. Igual que pasa con un hueso muy pequeño que los cerdos tienen también en la testa. Es lo que se llama una transferencia mágica, tu dolor pasa al amuleto. Los pescadores, por ejemplo, solían llevar un caballito de mar debajo de la gorra. O se enterraba un saltamontes sin cabeza para provocar la lluvia. Eran cosas que todo el mundo sabía.

¿Cuándo empiezan a perderse todo este tipo de creencias?

Todo comienza a esfumarse a partir de la llegada del turismo y el avance de la medicina. En la Mallorca preturística muchas de estas prácticas seguían vigentes desde siglos atrás.

Póngame un ejemplo de alguna que todavía esté en uso...

Todavía hay gente que coloca una escoba al revés detrás de la puerta para que una visita que te incomoda o no conoces se vaya pronto. A mí me pasó cuando visité a un matrimonio de Son Servera… me llegaron a reconocer que la habían colocado allí por mí. Ahora estas creencias solo persisten en las personas de más edad. En una entrevista que hice en Porreres el pasado invierno, cuando estábamos sentados cerca de la chimenea, fuera empezó a tronar. La mujer apagó el fuego con prontitud. Cuando le pregunté el porqué fue muy clara: «Porque el fuego llama al fuego».

¿Usted cree o quiere creer?

En general soy súper escéptico con casi todas estas prácticas. Pero he de reconocer que hay una que me sorprende de manera brutal, que es la curación a distancia. Un ejemplo sorprendente aún es el caso del manacorí Antoni Amer ‘Pellerenca’, que tenía su ‘oficina’ en el antiguo bar Hípica. Allí acudía gente de toda la comarca para curar a familiares aquejados de dolores provocados por quemaduras. Sin estar ellos presentes, ‘Pellerenca’ bajaba a la bodega del bar y recitaba una serie de oraciones a oscuras. Cuando volvía le pedía a la persona que había solicitado su ayuda que le informara sobre la hora en que su familiar había dejado de sufrir… y coincidía. Eso, que puede ser consecuencia de una sugestión en casos adultos, también funcionaba con niños de uno o dos años…

Otra cosa que me sorprende mucho es la sincronicidad. El poder insospechado de la mente con respecto a la materia. Es aquello de «parla d’un dolent i el tendràs present».

¿Existen otras prácticas a distancia?

La distancia también funciona para curar a los aquejados de lombrices. Varias eran las mujeres que los ‘cortaban’ enrollándose un hilo de coser entre los dedos y dejando que uno de sus extremos cayera en remojo dentro de un recipiente con agua. Si el hilo empezaba a girar era porque la persona tenía lombrices. A modo de analogía al tiempo que se cortaba el hilo en tres partes y se recitaba una oración, la persona enferma quedaba sanada.

¿Todas eran a través de curanderos o había soluciones que podía hacer uno mismo?

Las había para las verrugas, por ejemplo. Sólo se tenían que enterrar dos hojas de mata formando una cruz. También podían quitarse a través de la acción de formar tres cruces sobre ellas con un trozo de carne cruda de un animal, normalmente de gallina. Una vez hecho esto se tiraba ese trozo sobre el tejado de una persona que te cayera mal, a modo de transferencia de la verruga.

¿Traspasar el mal con un objeto?

La transferencia desde un animal también era común. Por ejemplo la dentadura de un erizo. Antes estos animales eran parte de la dieta mallorquina, con los que se solían hacer panades. Pues bien, se conservaba su pequeña dentadura en aceite para, en un momento determinado en que a un niño le salieran los dientes, se le pudiera colgar una bolsita con la dentadura al cuello, para que así el proceso no le doliera. También podía servir una almendra gemela.

¿Lo idéntico también es mágico?

Los gemelos siempre han tenido ese carácter. Unos del Rafal Pudent, en Manacor, a modo de ejemplo, eran muy conocidos por curar el dolor de barriga. También tenían un don especial aquellas mujeres madres de gemelos. Hay constancia de que unos campesinos de Son Carrió fueron a pedir una pieza de ropa a una parturienta para curar de mal de vientre a uno de sus animales, por simple contacto.

¿Quedan algo de las supersticiones de antaño en la juventud?

Pocas. Hoy en día todavía quedan expresiones supersticiosas que decimos sin apenas darnos cuenta, también quedan restos en cosas que hacemos o evitamos. Mucha gente aún cree que si se pone una prenda al revés hay riesgo de que llueva o que si entra un borino ros en casa es símbolo de buena suerte o, por el contrario un borino negre trae malos augurios, aunque para ello hay una oración que funciona como antídoto: animalet de Déu, vola per tu mateix. Para no tener almorranas todavía hay quien se coloca una bola de ciprés en el bolsillo izquierdo. Para evitar el dolor de muelas, es mejor ponerse antes el calcetín izquierdo.

¿Hay algún día propenso a la mala suerte o a evitar para según qué cosas?

Nunca afeitarse en viernes, excepto Viernes Santo. Los lunes no hay que cortarse las uñas. El viernes es un día mágico en las creencias populares: no hay que ir a la peluquería para evitar que el cabello torne blanco. El viernes es el día de la brujería, de la que se podían defender atándose una cuerda con siete nudos en la cintura o colocando un helecho detrás de la puerta. En Son Macià es sabido que si se siempre un naranjo en Viernes Santo, sus naranjas serán de sangre (rojizas por dentro).

Compartir el artículo

stats