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Lletra menuda | El edificio como espejo social

La creciente moda de transformar venerables casales de pueblo en hoteles se ha transformado, por su dimensión, en un verdadero autorretrato económico y social de la isla. Seguimos abocados al monocultivo turístico. Ya lo sabíamos, pocas novedades en este sentido, solo que cada vez lo hacemos a niveles más profundos que se infiltran incluso hasta la médula de la historia y el patrimonio. Es posible que, en algunos casos, sea una forma de recuperarlo y dignificarlo, pero también resulta una evolución que lesiona sentimientos y herencias colectivas. Miren, sino, este último caso de Sineu. El antiguo convento de las monjas de la Caridad emprende el rumbo para transformarse en hotel de interior. Pasará de la austeridad de la abnegación y entrega religiosa al confort del ocio y el negocio con silencio y ruina de por medio. Las congregaciones abandonan los pueblos de la Mallorca secularizada por dos motivos fundamentales, el desplome de vocaciones y porque la falta de atención sanitaria, educativa y social que suplían antaño es hoy asumida por la Administración y otras entidades. ¿Qué hacer con los conventos en desuso? Cada pueblo tiene una realidad distinta en este sentido. El caso de Sineu es muy particular. Un edificio en espacio protegido, con valores singulares, de propiedad particular mayoritaria y participación eclesiástica. El presente y el futuro indican que, lejos de necesitarlo, será una carga para la parroquia y la familia propietaria tiene derecho a rentabilizarlo. Es posible que no se hayan explorado de forma suficiente todos los recursos asistenciales, pero esta es una labor que la Iglesia no tiene por qué asumir ya en solitario en una sociedad plural. Un hotel, otra vez, es la solución. Una acogida menos gratuita que la dada en su día por las monjas.

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