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Pere Salas Vives Doctor en Historia

«En el siglo XIX la epidemia del coronavirus no se hubiera notado»

Los autores sostienen que la experiencia adquirida durante la crisis de la covid nos servirá para afrontar la siguiente epidemia: «Podremos conseguir que sus efectos no sean tan traumáticos»

Pere Salas y Joana Maria Pujadas posan con su nueva publicación.

Pere Salas y Joana Maria Pujadas posan con su nueva publicación. P.S./ J.M.P.

Los autores de Les epidèmies a les Illes Balears (1800-2020) están convencidos de que la historia puede aportar luz sobre las dudas que plantea la actual pandemia y puede ayudar a superar las epidemias del siglo XXI.

¿Cuáles son las epidemias más graves que ha padecido Mallorca desde 1800?

La madre de todas las epidemias fue la peste de 1820, que afectó a la comarca del Llevant. Un año después llegó la fiebre amarilla de 1821, en Palma, que se repetiría en 1870 también en la capital. También es importante el cólera de 1865 en Ciutat, con un episodio menor en Andratx. Por último, la pandemia de la gripe de 1918, que afectó a todas las islas. No son epidemias generales, eran brotes que se produjeron en enclaves concretos que pudieron aislarse. Allí donde afectó la mortalidad era muy alta, sobre todo la peste de Son Servera, cuyas cifras son más altas que las de la peste negra medieval. Fue brutal.

¿Por qué solo afectaron a territorios concretos y no se extendieron al resto de la isla?

Hay que atribuirlo a las cuarentenas, los confinamientos, los cordones sanitarios y los llatzerets [lazaretos] que organizó la administración pública. De ahí la importancia de adoptar estas medidas, que son muy similares a las actuales. A excepción del caso de la gripe de 1918, que ya se había extendido, se consigue un éxito relativo en el resto de epidemias. Es cierto que no se pudo evitar la catástrofe en Son Servera o que en Palma murieran más de 2.000 personas en un mes y medio por el cólera de 1965, pero se evitó su extensión. Era el fruto de una administración que se había desarrollado, con un ejército permanente, policías...La población lo demandaba, y esto es una característica muy importante.

¿Era la misma sociedad la que reclamaba estas medidas?

A raíz de la peste de 1820 la sociedad mallorquina se concienció sobre la importancia de adoptar estas medidas. Es lo contrario de lo que pasa hoy en día.

¿Puede compararse la pandemia del coronavirus con alguna de estas epidemias históricas?

Hay que tener en cuenta que el éxito vino dado por otro factor: a veces se consiguió que una epidemia general no entrase en Mallorca. De las cuatro olas de cólera que recorren Europa en el siglo XIX, aquí solo afecta una y solo en Palma. Esto se consigue mediante el sistema de cordones sanitarios y cuarentenas en el puerto. Cada tres años hay un cordón sanitario durante el siglo XIX. Hay una experiencia histórica y personal de la ciudadanía en la lucha contra las epidemias. Era algo cotidiano. Hay similitudes muy grandes con la crisis actual, y es que toda epidemia, por definición, es un fracaso de la medicina. Entonces aparecen actores que no son farmacológicos ni médicos y que serían los políticos de la administración, así como los técnicos y cuerpos cohesionadores como el ejército o la policía. Otro hecho muy similar es que en el siglo XIX el sistema económico capitalista y la globalización mundial ya existían. En Mallorca este siglo fue de crecimiento económico y no hubiese sido posible sin las medidas restrictivas. Cuando se declaró el cólera de Palma en 1865 ningún payés quería comerciar con la capital sin un cordón sanitario. Sin estas medidas, Mallorca corría peligro real de morir de hambre. Y no se solucionaba sin quitar libertad. Si en vez de comercio internacional hablamos de turismo, tenemos un paralelismo muy importante con la época actual.

La historia nos indica que las pandemias son recurrentes. ¿Podemos esperar nuevos episodios a corto plazo?

Claro, lo excepcional es que no hubiese habido pandemias en los últimos 100 años. En un mundo cada vez más globalizado, con aumentos de población que invade espacios ecológicos, hay más posibilidades de que pasen nuevos virus a los humanos y también bacterias que resistan a los antibióticos y se conviertan en epidemias. Tenemos que usar las herramientas que nos da la historia y, por supuesto, las de la medicina, para afrontarlas cada vez mejor. Lo importante de esta epidemia es que nos da experiencia y conocimiento para afrontar la siguiente, que está a la vuelta de la esquina.

¿Cree que los historiadores del futuro colocarán la actual pandemia a la altura de las que aparecen en su libro?

El número de defunciones que de momento ha provocado este virus es una tercera parte de las de la gripe de 1918. Es inferior también a los muertos que provocó la peste de 1820 solo en Son Servera y en un solo mes. Podemos ver que es una pandemia que ha parado el mundo pero la letalidad ha sido muy baja. Además, a diferencia de la gripe, afecta a personas mayores, que ya tienen una experiencia de vida muy alta. Si el sistema sanitario occidental no hubiese progresado tanto no nos habríamos dado cuenta de esta epidemia, porque la gente que se muere ya no estaría. En el siglo XIX la epidemia del coronavirus no se hubiera notado. Ha sido tan importante porque el mundo actual está muy medicalizado y no soporta la imprevisibilidad de una pandemia.

Pere Salas y Joana Maria Pujadas posan con su nueva publicación. P.S./ J.M.P.

Es decir, no será considerada como una de las grandes epidemias de la historia...

Los historiadores deben relativizar su importancia. Se darán cuenta de que el mundo, económicamente, se ha parado. Durante dos meses, en este país estuvimos cerrados en casa y esto es muy importante. Significa que la pandemia ha intentado pararse de manera efectiva.

¿La experiencia actual nos servirá para futuras pandemias?

Indudablemente. No nos costará tanto e iremos dominándolas más. Podremos conseguir que sus efectos no sean tan traumáticos. Lo importante es prevenir las futuras epidemias, y en esto no soy tan optimista. La ecología es un factor muy importante.

¿Cuál era la esperanza de la población cuando no había vacunas ni remedios médicos?

Ninguna. Antes no teníamos ni idea de cómo se producían las enfermedades infecciosas. Solo se sabían los síntomas, pero no las causas. Y mucho menos se sabía cómo curar. Hasta después de la segunda Guerra Mundial estas enfermedades bacterianas no se curaban. Lo más importante era la prevención, el aislamiento. Empezó a descubrirse que el agua podría ser un factor de transmisión y aquí se produjo un gran avance cuando empezaron a matarse las bacterias del agua mediante la cloración. Esto, junto con las vacunas, es lo que ha salvado más vidas.

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