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Lletra menuda | El desequilibrio de la novedad

Hace tiempo que se está hablando del pretendido parque fotovoltaico de Ses Veles. Sobre él se libran distintos pulsos de intereses contrapuestos que, aparte de la particularidad de la cuestión y su ubicación, vienen a ser el reflejo de los desequilibrios que se producen en Mallorca a la hora de conjugar energías limpias, medio ambiente y explotación agrícola. En buena lógica podríamos pensar que todo ello está destinado a convivir y ensamblarse de manera natural y armoniosa, pero no es así porque en esta isla se ha consolidado una desmesurada tendencia a hacerlo todo a lo grande. De tal exageración surge el conflicto, sea una remodelación aeroportuaria o un sembrado sobredimensionado de placas solares. Las desavenencias se infiltran incluso en el seno de la propia Administración. La conselleria de Transición Energética ve en Ses Veles una buena oportunidad de favorecer la descarbonización y a la de Agricultura le ha pesado más la existencia de una explotación prioritaria en el lugar que, además, cuenta con ayudas oficiales. Ambos departamentos están en manos de Podemos, lo cual ha obligado a decantar la cuestión practicando una especie de política doméstica en la que el nuevo informe desfavorable de la comisión de Medio Ambiente parece haber sido determinante para descartar el parque. La reducción de las dimensiones hecha por la promotora se revela insuficiente y fuera de lugar para convencer a quienes deben otorgar las autorizaciones. Casi 13.000 paneles en 36.000 metros cuadrados para una vida útil de 30 años son demasiados a la sombra del Puig de Santa Magdalena. La cuestión es que la energía fotovoltaica es una gran excepción en vez de un sistema normalizado incorporado el servicio, sea doméstico o industrial.

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