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Biel Torelló Dibujante

«Mi obra es una crítica al Gobierno: los hospitales siguen saturados y los recortes continúan ahí»

«Intento crear un vínculo en el cual no solo es el espectador el que mira la obra sino que la obra también mira al espectador»

«Mi obra es una crítica al Gobierno: los hospitales siguen saturados y los recortes continúan ahí»

«Mi obra es una crítica al Gobierno: los hospitales siguen saturados y los recortes continúan ahí»

Biel Torelló se licenció en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna de Tenerife y se especializó en pintura. Posteriormente dejó las islas para estudiar Ilustración editorial en Madrid y el Máster en formación del profesorado.

Torelló acaba de presentar en Cas Txeco su última exposición CoronARTE, de la que ha editado el libro coronabook. «Es un proyecto que ha tardado un año en salir, puesto que con la pandemia no fue posible. Todo va evolucionando, y con ello, esta exposición», asegura.

¿Por qué decidió estudiar usted Bellas Artes?

Era lo único que me encajaba en lo que quería. Desde siempre he tenido un lenguaje muy pictórico y muy vinculado al mundo del dibujo; tanto en cómics, al grafiti, a la pintura académica y clásica. Cualquier expresión plástica que se pueda representar de manera creativa siempre me ha llamado la atención.

¿Por qué pintura y no otra expresión artística?

La pintura me creó un conflicto dentro de la carrera. Cuando terminé segundo de carrera debía escoger un itinerario. Yo venía del mundo del grafiti y creaba piezas de grandes dimensiones y de manera muy expresiva y al mismo tiempo venía del mundo del cómic. Dibujar para mí es escribir, son mis letras. Mi manera de comunicarme. Una fuente de comunicación. Es un estado de meditación.

¿Qué diferencia hay entre la pintura y el dibujo?

La pintura y el dibujo se retroalimentan, siempre van ligados. La diferencia entre el dibujo y la pintura es que el dibujo se basa en la línea y la pintura destaca. Mi proyecto final de carrera fue una simbiosis entre la pintura y el dibujo para crear un lenguaje propio. Desde un punto de vista formal tanto la pintura como el dibujo son mentiras porque representamos en un papel llano una figura tridimensional que no existe.

Un dibujo por día de confinamiento y sale ‘Coronabook Diario de dibujos durante el confinamiento’…

Empezó cuando vine de Madrid a pasar el confinamiento. No tenía pensado crear un libro. Me metí en el taller porque quería aprovechar ese tiempo y crear un encierro creativo. Empecé a pintar en un cuaderno de 21x21. Todos los dibujos eran pintura popular del mundo digital, alguna pieza que veía en las redes sociales y me llamaba la atención, la cogía como referencia estructural porque el contenido no me interesaba y hay otras que son totalmente nuevas. Hay un dibujo por día, en total, sesenta y ocho. En todos hay representado un lado humanoide porque tengo una obsesión con los ojos, los gestos y la cara de los humanos. También represento en todos ellos una corona que hace referencia al virus, pero sutilmente, es un tema que ya nos agobió de por sí.

¿Qué técnica ha utilizado?

Lápices de colores con acuarela.

También hay crítica social...

La pieza en la que se ve a la sociedad aplaudiendo a los sanitarios no es un homenaje a ellos. Al contrario, es una crítica a la gente que con la excusa de salir a aplaudir a los sanitarios y cuando salieron, se olvidaron de sus responsabilidades. Es una crítica al gobierno; los sanitarios siguen agobiados, los hospitales saturados y los recortes siguen ahí.

Ha humanizado las vacunas...

A nivel de pintura es un retrato amorfo de cada una de ellas, jugar con la humanidad, pero no quería dar una estética exacta, sino que hay alguien que se está enfrentando al virus. Es personificar de una manera más interior la vacuna.

¿Qué inspira a Torelló?

Todo es inspiración y la inspiración viene cuando trabajas. De la vida cotidiana, de mis pensamientos, una necesidad comunicativa para enseñar quién soy, qué pienso y por qué. Y no necesariamente hacia los demás, sino hacia mí mismo.

Y, ¿qué intenta transmitir mediante sus obras?

Cuando creo una pieza es como si estuviera creando un hijo y este ya se encarga de enamorar, enfadar o hacer odiar. Lo que pinto es para mí y cada persona que interactúa con la pieza siente lo que quiere. Creo que esto es la gran virtud de comunicación.

Forma parte de un discurso, sobre todo, de miradas. Intento crear un vínculo en el cual no solo es el espectador el que mira la obra sino que la obra también mira al espectador. Y depende de cómo se encuentre el observador emocionalmente verá y sentirá una cosa distinta. La interpretación de una obra está en constante evolución.

¿Es un deber moral del artista la reivindicación en sus obras?

Siempre. De hecho, el 8 de marzo hice un mural, Artemisia sigue harta, sobre una pintora que sufrió violencia de género y se la culpaba a ella. Es curioso cómo por el simple hecho de ser mujer es mucho más complicado triunfar, cómo se castiga a la mujer de los impulsos carnales de los hombres y que la culpa sigue siendo de ellas. El tema de las migraciones... todo tiene un punto social, al vivir en sociedad por mucho que intentemos transmitir nuestros demonios interiores, estos se retroalimentan de los demonios externos y, al final, siempre hay reivindicaciones en cualquier obra artística.

Háblenos de su Psicodelias...

Intento transmitir lo que ni yo sé que estoy transmitiendo. Es una manera de enfrentarme a mis miedos, a mis inseguridades y a mí, es como una habitación cerrada llena de espejos en la que me enfrento cara a cara. Una manera de hacerme visible y darle forma. Las Psicodelias es trasmitir más allá de las psiques, para llevarlo a cabo me baso en las teorías de Breton; escritor surrealista que escribía de manera automática. Yo lo denomino dibujo automático; automatizar y llenar los vacíos que se van creando. Llevo a cabo un diálogo entre lo que creo y yo mismo. El dolor es fundamental para la inspiración porque es cuando más creativos estamos.

¿A qué se debe que sus dibujos puedan mirarse desde diferentes perspectivas y se puedan apreciar nuevas obras?

La máxima expresión de libertad del ser humano es cuando soñamos, durante la fase REM, en esta fase los sueños están al revés. Además, otra cosa que disfruto tanto física como mentalmente es intentar meterme dentro de la fase REM de forma consciente. Es como visitar el mundo de los sueños y ver el desorden dentro del orden. Es como un brainstorming de ideas que se fusionan y salen. Siempre tenía un cuaderno encima de la mesita y cuando me desertaba apuntaba las cuatro ideas para que no se fueran.

¿Es una liberación?

Tengo la libertad de dibujar y dibujo para liberarme. Vivo para la creatividad.

En corto

¿Quién le inspira a Torelló?

Mi madrina a nivel pictórico es Yeri Sabit. En cómic Beth Malin es espectacular, Pichiavo y Marith en Grafiti, Lucian Freud, Alex Kanevski y Klimt.

¿La cultura es segura?

La cultura es segura porque es mental.

¿Proyectos futuros?

Si lo cuento da mala suerte.

¿De qué obra le hubiera gustado ser el autor?

Las Meninas.

¿El color que nunca falta en sus obras?

Todos los personajes tienen los ojos azules porque es una manera de verme representado.

¿Qué color ha tenido la pandemia?

Ha tenido todos los colores. Un arcoíris oscuro.

¿Un consejo que daría?

No soy nadie para dar consejos, pero que se conozcan a través de ellos mismos. Que salgan de la zona de confort y que no se estanquen.

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