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Empresarios de Magaluf obligados a cerrar: «Somos un chivo expiatorio»

Un empresario de la zona al que cerraron este verano un local por saltarse las normas anticovid se considera «atacado» y se queja: «Parece que somos nosotros los contagiadores»

Alejandro Jara es el dueño de varios locales en Punta Ballena Juan L. Iglesias

El gremio de los empresarios de Punta Ballena suele ser bastante hermético. Una actitud seguramente de defensa por el hecho de estar siempre bajo el foco mediático. En esos círculos, prima la desconfianza con los medios y las ganas de pasar desapercibido hasta que pase la tormenta de rigor. Uno de los pocos que se suele saltar esa norma es Alejandro Jara, un empresario que cuenta con varios locales en la zona y que, como suele asegurar él mismo, «da trabajo a 200 personas».

Este verano, ha visto cómo el dispositivo extraordinario coordinado por la Dirección General de Emergencias para controlar las medidas de protección sanitaria cerró uno de sus locales por saltarse las normas anticovid. Además, se clausuraron cautelarmente otros dos establecimientos (en Magaluf y Santa Ponça), después de que los inspectores constatasen que había exceso de aforo, que el público iba sin mascarillas y que las pistas de baile estaban abiertas.

«Somos el chivo expiatorio. Se nos carga la culpa de la covid. Parece que la culpa la tenemos nosotros, que somos nosotros los contagiadores», se defiende Jara, quien argumenta que las inspecciones «no se ceban» con las aglomeraciones en la zona de ocio, en los conciertos o en los grandes centros comerciales.

«Hay un hartazgo y depresión entre el empresariado de Punta Ballena. Se nos ataca desde todos los frentes. Todo el mundo dispara contra Punta Ballena y los gobernantes no nos defienden. Nos tratan como si fuéramos delincuentes», agrega.

Cuando se le inquiere por la presencia de público en la pista de baile, responde: «Yo no fomento el baile. Pero, si quieren bailar, a ver si eso es un crimen, porque entonces llevo 50 años cometiendo crímenes. Lo normal es que la gente baile en Punta Ballena, toda la vida ha sido así». Sobre la presencia de gente sin mascarilla, recordó que en los restaurantes los comensales también se la quitan cuando están bebiendo o comiendo. «Si vas a los supermercados, la cajera va apercibiendo a la gente de que se ponga la mascarilla, y no cierran los supermercado por eso», agrega. Jara considera que se les pone impedimentos para trabajar en un verano bajo mínimos y tras un año, el de 2020, en blanco por la pandemia. «No tenemos un duro», protesta.

«La gente tiene necesidad de ganar cuatro duros, porque vienen con un déficit de ingresos y tienen que pagar alquileres, a los bancos... Ahora viene otro invierno y la gente ve que no le llega el dinero. Tienen el ansia de hacer caja para pagar. Luego viene la Policía y nos machaca», sostiene.

Jara explica que sus abogados están estudiando la presentación de acciones judiciales contra la administración municipal y autonómica por estas resoluciones de clausura, amenazando con judicializar aún más la noche de Magaluf.

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