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Lletra menuda | Contratos de basura

Bolsas de basura que se amontonan estos días en una calle de Cala Rajada. B. Capó

El problema genérico y los peligros para la salubridad pública no son especialmente graves porque lo digan hoteleros con buen altavoz, pero la denuncia que plasma el sector turístico está sobrada de razones y evidencias.

Por muy justificada que esté, era casi imposible hallar peor semana para llevar a cabo una huelga de basuras en Capdepera y en cualquier otro lugar de Mallorca. Movilidad con la venda puesta frente a la pandemia y temperaturas de cambio climático hacen que todo pudra, incluidos los contratos y las condiciones laborales de los empleados de la recogida de residuos urbanos.

Los gabellins han tenido peor suerte que los santanyiners, porque en el municipio del Migjorn lograron anular la convocatoria de paro en el último momento. En Capdepera, sin embargo, llevan una semana de molestias, hedor y mala imagen. Ahora mismo, sus servicios públicos no responden a las urgencias cívicas elementales.

Nada más afín que aplicar el término contrato basura a la práctica laboral de un sector que, de forma incomprensible, ni siquiera ha logrado proveerse de un convenio colectivo. Por activa o por pasiva, sindicatos, empresarios y ayuntamientos han vertido restos de incompetencia sobre una actividad que requiere rigor y eficacia.

Las huelgas de recogida de basuras se han vuelto demasiado frecuentes en Mallorca, lo cual significa que no estamos ante un problema puntual de un determinado lugar, sino frente a unas carencias genéricas que no se afrontan en la dimensión adecuada. Los ayuntamientos que propician contratas a la baja y subrogaciones sin garantías suficientes deberían ser los primeros en demostrar interés por asegurar una retirada de desperdicios normalizada y segura.

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