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Lletra menuda

La hipocresía del incivismo

Nadie aboga por el vandalismo en la vía pública. Al contrario, cuando aparecen destrozos en el mobiliario urbano o acumulaciones de basura en los espacios colectivos, suelen sucederse las expresiones de indignación y el reclamo de mano dura a las autoridades.

Algo falla sin embargo en esta acción–reacción, porque es evidente que los desechos están cada día más presentes en la calle y las agresiones a plantas, bancos y demás piezas urbanas son constantes. Dado que, por fortuna, no hay un vendaval ni un cap de fibló cada día, deberemos concluir que abunda la hipocresía en eso del respeto y salvaguarda de los espacios y bienes comunes. La noche es el hábitat de camuflaje de malos comportamientos crecientes.

Durante las fiestas de Petra se han vuelto a reproducir los destrozos mientras el ayuntamiento reposaba feliz en unas plazas habilitadas como sumideros de contagios. Es solo una muestra más de lo que ocurre estos días en Mallorca.

Para colmo, lo que cuenta en esta misma página el concesionario de la playa anexa a Punta Ballena. Magaluf sigue siendo la capital de todos los desmanes, aún con el empeño de vetar el turismo de excesos por parte del ayuntamiento de Calvià. Nadie le había dicho a Carlos Comino que su concesión implicara experimentar la impotencia y cargar con los daños y perjuicios de un alto grado de incivismo colectivo. Las intervenciones puntuales de la policía ni siquiera logran el efecto disuasorio que en buena lógica deberían tener.

Ahora volverán a cerrar las playas y los bares de madrugada. Los botellones seguirán siendo nómadas y los contagios se desplazarán con ellos. También un incivismo creciente y carente de fundamento en cuanto a valores colectivos. Es el descuadre entre palabras y hechos.

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