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Lletra menuda | Urbanismo a ritmo de hotel

Viejos y significativos casales en desuso, imposibles para la vida doméstica actual, convertidos en un pozo sin fondo en cuanto a mantenimiento, han hallado nueva vida y futuro en su transformación como pequeños hoteles de interior. Son edificios que, ya en su fachada, ofrecen carácter y exclusividad. También un patrimonio que no se puede perder.

El fenómeno de esta modificación de usos está presente en la práctica totalidad de pueblos y villas de Mallorca. Se observa en los andamios y se palpa en el ambiente hasta el punto de consolidar un nuevo tipo de urbanismo específico que, a la vista de su proliferación, convendrá coordinar y regular, tanto desde su perspectiva turística como constructora.

Pero, como casi todo, la apertura de hoteles de interior quedó paralizada por la pandemia. Ahora se vuelve a reanimar. El caso de Ca don Enric de Sineu es un buen ejemplo de lo que está pasando. A expensas de lo que diga Patrimonio del Consell, el edificio neogótico que el conde de España levantó en el XIX y que domina la plaza del Fossar, no solo será un hotel de lujo, sino el revulsivo de toda la zona. Por lo visto, el destino del teleclub que marcó época y que ahora se debate entre la reforma y el derribo, va ligado al del nuevo alojamiento vecino.

Es lo dicho, el urbanismo de hotel que no puede caer en el engaño de convertirse solo en urbanismo para negocio de hotel, pero sí en un revulsivo para espacios degradados, superados por el tiempo, que necesitan coordinar su valor patrimonial con la utilidad.

Mucho mejor todavía si el reflorecimiento de hoteles sirve también para dar un nuevo impulso a la recuperación de viejas casas particulares, ahora que los fondos europeos de activación económica parecen acordarse de ellas.

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