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Un sistema pionero para adelantarse a posibles ‘torrentadas’

El SAPI (Sistema d’Alertes Primerenques d’Inundacions), ideado por la agrupación de Protección Civil de Manacor, calcula cuánta agua puede pasar por debajo de los puentes que cruzan las torrenteras de Mallorca

Rubén Ramón, junto al sistema de control.

Rubén Ramón, junto al sistema de control. S. SANSÓ

Calcular alturas, anchuras y pendientes de todas y cada una de las construcciones que puedan interferir en el curso de los torrentes mallorquines con el fin de conocer en qué punto exacto hay que empezar a preocuparse de cara a futuras inundaciones o torrentadas como la sucedida en 2018 en Sant Llorenç.

Estas son las premisas en las que se basa el denominado SAPI (Sistema d’Alertes Primerenques d’Inundacions), un proyecto pionero de conciencia situacional ideado por el jefe de la agrupación de voluntarios de Protección Civil de Manacor, Rubén Ramón, y que cuenta con la colaboración del gabellí Miquel Juan, de la unidad operativa del 112.

Juntos están llevando a cabo un laborioso trabajo de campo y análisis posterior de cada uno de los puentes o estructuras que cruzan las torrenteras, con el fin de grafiar sus dimensiones y saber, consecuentemente, qué caudal pueden soportar para saber en qué punto exacto una subida del agua puede empezar a ser preocupante e indicadora de una riada. Saber cuándo se debe activar el protocolo de emergencias por inundaciones. Todo ello enfocado a la prevención y a minimizar los riesgos.

«Cuando se superan los lindes de precipitación establecidos nos llega un correo electrónico para que estemos en alerta y hagamos un seguimiento de las cuencas o subcuencas de los torrentes de la zona», concreta su ideólogo.

En Mallorca existen un total de 21 cuencas de torrentes a las que van a parar 6.336 subcuencas asociadas. Entre toda esta maraña de kilómetros de ‘arterias’ han localizado hasta 124 puntos de control. Empezando por la zona del Llevant, donde se produjo la última gran subida. Por el municipio de Manacor, por ejemplo, pasan cinco cuencas: Na Borges, n’Amer, ses Talaioles, Cala Mendia y Cala Murada.

«Las visitas de campo sirven para determinar los puntos de control y a partir de qué cantidad de metros cúbicos de agua por segundo hay que preocuparse. Visitamos los puentes, los medimos y hacemos los cálculos y las estimaciones de riesgos», explica Ramón. «Hasta el momento tenemos estudiados alrededor de un 40%».

«Además del trabajo de catalogación (llevado a cabo cuando sus respectivas profesiones se lo permiten, durante los fines de semana) tenemos una reunión de todo el grupo una vez al mes». Un trabajo meticuloso siempre en contacto con Recursos Hídricos del Govern y que tiene la colaboración de la dirección general de Emergencias. «Sabiendo lo que conocemos ahora, en Sant Llorenç podríamos haber actuado antes».

Antoni Sureda y Rubén Ramón. | S. SANSÓ

Manacor, cuartel general

El moderno dispositivo de control está montado en las dependencias municipales de un antiguo colegio y escuela de música de Manacor, cerca del claustro de Sant Vicenç Ferrer, donde se reciben casi en tiempo de real (con un decalaje máximo de 20 minutos) datos de la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) sobre posibles lluvias, e imágenes asociadas Echotop para el cálculo de desarrollo vertical de las nubes, lo que supone más o menos convección. Todo ello cruzando datos de los diferentes puntos de recogida de datos diseminados por la isla.

Hace solamente unos meses que Rubén Ramón (Zaragoza, 1977) es el nuevo responsable de Protección Civil en Manacor, tras siete años en el grupo de voluntarios. Un colectivo que precisamente nació en el municipio en 1990, después de las inundaciones sufridas a finales de verano de 1989 y que afectaron severamente tanto a la ciudad como a los núcleos costeros de Porto Cristo y s’Illot.

«Poco a poco la percepción social va cambiando. Las administraciones deben creer en los cuerpos de Protección Civil, porque tradicionalmente se ha cogido como mano de obra barata para realizar trabajos que tampoco les corresponden». De hecho todavía hay pueblos en Mallorca que no tienen. «Y eso que en muchas pequeñas localidades, el tiempo de respuesta ante, por ejemplo un código paro, es de entre 5 y 10 minutos, mucho más rápido que tener que esperar veinte minutos o más a que llegue una ambulancia».

Cada vez más y sobre todo en Manacor, nos hemos orientado hacia la logística. Una labor que fue clave durante la última gran riada que afectó al municipio de Sant Llorenç. La agrupación local tiene un presupuesto actual de 10.000 euros en material y 3.500 euros en ropa de uniforme. Con unas actuaciones que en tiempo de la covid han llegado a las 454.

«No se cobra nada. Se cobra en formación, cursos y satisfacción por el trabajo realizado». Durante el confinamiento realizaron una gran labor distribuyendo medicamentos a la gente que no podía salir de sus casas. «Hay que entender que la gente tiene sus trabajos y a veces es difícil combinarlo, pero en estos momentos tenemos 16 personas voluntarias y otras cuatro a la espera de realizar el curso básico. Si nos comparamos con otras agrupaciones y teniendo en cuenta el tamaño del municipio, somos pocos. Queremos emprender una campaña de captación de voluntarios, aunque todo se ha visto retrasado por la covid», recuerda Ramón.

Desgaste

«Con la covid todo el mundo ha quedado algo desgastado y seguro que ello va a conllevar secuelas psicológicas. Durante la covid no se convocaron los cursos básicos, que volverán en septiembre». Las condiciones para poder formar parte de la agrupación local de Protección Civil son ser mayor de edad, superar el curso básico de 30 horas para conocer la normativa de actuación en emergencias, preparación psicológica, cumplir al menos con 60 horas anuales y, como novedad, no tener antecedentes penales.

«Durante los últimos años nos hemos hecho más visibles, aunque todavía debemos conseguir que más gente joven se interese por nosotros, animarles a que formen parte de Protección Civil, por eso si es por falta de tiempo o no quieren actuar directamente sobre el terreno, también tenemos la figura del colaborador».

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