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Lletra menuda | La seguridad pendiente

Las carencias de asistencia y seguridad a nivel municipal siguen sin resolverse. Continúan muy limitadas por la precariedad de plantillas y presupuestos. Lo más llamativo del caso es que los obstáculos vienen planteados por las instancias superiores. En eso de la presencia policial a pie de calle de pueblo también hay inseguridad entre distintas administraciones. No intenten hallarle coherencia al asunto porque acabarán constatando que quien debería dar una mano al Ayuntamiento, por efecto de una sobredosis de legalismo puntilloso, opta por hacerle la zancadilla. Faltan policías locales y eso de la colaboración y presencia de los cuerpos de seguridad estatal es siempre un compromiso volátil y abstracto. La misma Delegación del Gobierno que lleva décadas poniendo trabas legales a la propuesta de mancomunar efectivos de la Policía Local se opone ahora al incremento de retribuciones para los agentes de Santa Margalida, en los términos ideados por el alcalde Monjo, porque sobrepasan lo previsto en los Presupuestos Generales del Estado. El hecho es que muchos agentes optan por el absentismo, la comisión de servicios o la excedencia en busca de mejor nómina. Tampoco se produce el traslado inverso porque ahora mismo no hay cursos de adaptación para guardias civiles y policías nacionales dispuestos a vestirse de azul en la Vila. El uno por otro, Santa Margalida y Can Picafort se quedan sin vigilancia, sobre todo nocturna, debido a que una plantilla mermada hasta la decena de agentes da para muy poco. El PSOE sostiene que todo es consecuencia de la política llevada a cabo durante los últimos años y el alcalde plantea la vía de la seguridad privada, un camino escabroso, alejado de la solución efectiva, porque puede abrir otros conflictos de competencias, aparte de otras cosas.

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