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Lletra menuda | Un tren de cambios indefinidos

De la forma en que se presenta ahora, el despertar de los trenes trams, tras una década de hibernación, resulta un avance para el mejor servicio en la línea sa Pobla-Palma. Se ganará en frecuencias y comodidad pero, dicho esto, conviene retroceder hasta la verdadera estación de salida de la operación para dejar constancia de lo errática y vacilante que ha sido, y probablemente siga siendo, la política de gestión ferroviaria en Mallorca.

Es un apaño, todo lo útil que se quiera, pero un apaño que costará 2,6 millones de euros al erario público. Ya que aquí sigue primando el transporte individual, digamos que con estos trenes ha pasado lo mismo que le ocurre a quien osa comprarse un coche antes de disponer de carretera. Después, por la causa que sea, la ruta no se traza y hay que procurarse una alternativa para dar utilidad al vehículo.

Pero en este caso conocemos las causas reales del cambio de vía de los trenes concebidos para alcanzar el Llevant y que acaban en la marjal poblera. El segundo gobierno Antich los compró al amparo de su compromiso de recuperar la línea férrea entre Manacor y Artà. Se quedó en un proyecto virtual porque después las elecciones le obligaron a ceder el testigo al PP y el Govern Bauzá sepultó los raíles bajo una vía verde de gran éxito senderista y ciclista, pero que hace descarrilar por completo la función ferroviaria natural del trazado.

Hoy, la recuperación del tren para Sant Llorenç, Son Servera y Artà sigue siendo una reivindicación que actualizan de forma periódica los alcaldes de estos municipios y colectivos sensibilizados. Pura teoría.

Ahora los vagones de piso bajo no estrenados se van a sa Pobla a modo de muestra itinerante de la incapacidad de consensuar una política estable de transporte público.

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