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La capilla ‘desaparecida’ de sa Bassa vuelve a brillar

El Museu d’Història restaura el misterioso conjunto de tres figuras que hasta 1992 presidió la plaza del centro de Manacor, para que sea la pieza central de la nueva sala medieval

Un grupo de vecinos pasa por delante de la capilla.

Un grupo de vecinos pasa por delante de la capilla.

A principios de la década de los noventa Manacor seguía sin ser un ejemplo patrimonial. Las pérdidas, años atrás, del antiguo templo parroquial, el edificio de la Banca March o del llorado Teatre Principal, eran ejemplos claros del vacío protector por parte de un Ayuntamiento preocupado en asuntos más banales que la tarea de proteger su historia artística o arquitectónica.

Por eso la ‘desaparición’ de una capilla de finales del siglo XVI en plena plaza de sa Bassa tampoco causó un revuelo excesivo. Hacía tiempo que sus tres figuras desgastadas estaban allí, viendo la gente pasar. Tres relieves sin rostro a los que nadie rezaba. Hasta que en 1992 una nueva transformación de la fachada donde estaba el casal de Can Puigdorfila, con el fin de modernizar una oficina bancaria de la planta baja, puso en alerta a los pocos defensores del patrimonio manacorí.

No era la primera vez que el inmueble, en la esquina entre sa Bassa y la calle Pío XII, sufría una transformación. En los años 50 el viejo palacio urbano sucumbía a las máquinas para poder encajar dentro el Banco Español de Crédito (Banesto). Y aunque el cambio supuso la pérdida de la fisonomía del edificio, la capilla misteriosa fue recolocada a unos metros de su ubicación original.

Titular de la revista ‘Perlas y Cuevas’, el 16 de enero de 1992.

Titular de la revista ‘Perlas y Cuevas’, el 16 de enero de 1992. Sebastià Sansó

Gabriel Fuster en su libro publicado en 1966, Historia de Manacor, recuerda que «en la calle de n’Amer [hoy Pío XII] esquina plaza Calvo Sotelo [hoy sa Bassa], se encuentra colocada desde hace pocos años, una hornacina que anteriormente se denominaba de sa Bassa, por estar en el mismo inmueble, en la fachada con la plaza».

Efectivamente, cuando en los años cincuenta se modificó la fachada del edificio, la capilla fue objeto de una campaña de prensa para salvarla de la destrucción, lo que llevó que fuera desmontada cuidadosamente y vuelta a instalar a unos veinte metros de su emplazamiento primitivo.

¿Pero… qué pasaría ahora en año olímpico? Los propietarios del inmueble (que no tenían en sus planos una nueva vida para el resto religioso) pronto recogieron el mensaje conciliador de la parroquia de Els Dolors y la comisión municipal de Cultura. Todos llegaron a un acuerdo: salvo «un imprevisto como el derrumbamiento del lienzo de la pared donde se ubicaba la hornacina», la reliquia manacorina sería salvada. Y así fue… o pareció ser. Porque la capilla se esfumó de la vista pública durante 30 años.

La capilla enterrada en el Museu d’Història.

La capilla enterrada en el Museu d’Història. Sebastià Sansó

La revista local, Perlas y Cuevas, en su número del 16 de enero de 1992, alegaba que «más que la información de su construcción o la total identificación de su iconografía, importa que se garantice su conservación, pues aparte de su valor intrínseco, Manacor no puede permitirse perder una sola de las pocas piedras que le quedan de su pasado».

¿Qué representa?

Entre sus numerosas notas sobre la historia de Manacor, Mossèn Antoni Truyols dejó escrito que en sa Bassa se encontraba «una pequeña capilla de la época de la decadencia gótica, con tres figuras de piedra, bastante grandes y en alto relieve. La central, un poco más alta que las otras dos, para demostrar así su mayor dignidad, representa a la Virgen, la de su derecha al arcángel San Miguel, y la de la izquierda está ya tan consumida que apenas se distingue rasgo alguno que permita identificarla».

¿Cuál podría ser la figura sin rostro?; el propio Truyols apuntaba una hipótesis: «Tiene esta capilla gran parecido con una, más pequeña y bastante más moderna, que existe junto al portal de la iglesia de Sant Salvador de Felanitx a la que con la misma disposición se ve a la Virgen entre San Miguel y San Antonio Abad».

Otras teorías

Según Mossèn Baltasar Piña, que trabajó en el archivo parroquial, aseveró en su momento que la capilla de sa Bassa pertenecía a los Gozos de la Virgen, «y las figuras que la flanquean ¿Podrían ser los arcángeles San Gabriel y San José, representando el misterio de la Anunciación?, ¿o se trata de una representación de Nuestra Señora de los Gozos (Virgen de la Nieve), el arcángel San Miguel y Santiago apóstol actual patrón de Manacor?»

«Resulta difícil afirmarlo, pero la figura hierática de La Virgen y la disposición del manto y la túnica que viste, recuerdan la imagen de la virgen-sagrario que en nuestra Real Parroquia aún se conserva. Por otra parte, en el Archivo Parroquial, están los registros de obrerías que dan noticia de «Nuestra Señora de los Gozos, Santiago y el arcángel San Miguel». Por su parte, Jerónimo Juan, profundo conocedor del arte religioso mallorquín, consideraba esta capilla como una obra de siglo XVII si bien rectificaba posteriormente para situarla a finales del XVI.

Pero volviendo a 1992, la parroquia, sensibilizada ante una posible desaparición estaba dispuesta a ceder una pared «de cualquier lugar de las fachadas del templo parroquial». Por otra parte, la comisión municipal de Cultura, presidida entonces por Tòfol Pastor, solicitó información a la propiedad, ofreciendo su colaboración para salvar el monumento. Unos dueños que aún sin haber previsto la colocación de la hornacina en los planos de la fachada, se ofrecieron a incluirla. Cosa que finalmente no ocurrió.

Ahora, tres décadas después la capilla de sa Bassa ha ‘reaparecido’ restaurada en el Museu d’Història de Manacor, desmontada por piezas y debidamente protegida en el almacén a la espera de que pueda lucir en todo su esplendor en la nueva sala que se dedicará a la historia medieval del municipio. «Aunque sus figuras están muy desgastadas, su gran tamaño y su historia la hacen única», destaca la directora del museo, Magdalena Salas.

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