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Lletra menuda | La urbanización agresiva

En la Mallorca de hoy no hacen falta excesivos argumentos para pronunciarse en contra de «pueblitos» artificiales como el que Antonio Gómez pretendía incrustar en es Guix. Basta divisar el paisaje y enmarcarlo con ángulos de coherencia, sentido común y respeto patrimonial.

No es menos cierto que también hacen falta normas legales estables que equilibren urbanismo con territorio y en eso Balears es espacio de incertidumbre apuntalada con improvisación y grietas interesadas. Por eso al ayuntamiento de Escorca de 1993 se le pudo ocurrir declarar como urbano el espacio boscoso de es Guix. Después vendría el impulso de 105 construcciones imposibles que ha enfrentado a las administraciones insular y local. Otra vez la Justicia se ha visto obligada a realizar el trabajo que los políticos no quisieron o no supieron hacer.

Con la perspectiva del tiempo transcurrido y una década con el sello de Patrimonio de la Humanidad para la Serra de Tramuntana, revivir ahora el desesperado intento de urbanizar es Guix lleva directamente al sonrojo, tanto propio como ajeno. El paso de los años no ha hecho más que amplificar la dimensión del despropósito.

Queda un último cartucho disponible en forma de recurso de casación. Si el ayuntamiento de Escorca lo lanza, su eco resonará, en sentido negativo, igual que las carreras ilegales de motos, sobre la proyección internacional de la Serra y sus valores ecológicos y medioambientales.

Si ahora, por fortuna, el problema de respeto a la Serra se ha rebajado a la condición de los márgenes que instala el Consell, significa que los proyectos de urbanización en el santuario natural están caducados y por tanto deben ser archivados pero no olvidados, por si acaso. También es la evidencia de que la legislación y la gestión pública requiere mayor consistencia.

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