El pasado sábado, unos bañistas encontraron en Son Serra de Marina, Santa Margalida, una carabela portuguesa. Este ejemplar se suma al localizado el pasado 6 de abril en Cala Matzoc, En Artà, uno de los primeros documentados este año en Mallorca.

Encuentran una carabela portuguesa en Cala Matzoc, en Artà Imágenes: Pere Galmés

La carabela portuguesa suele entrar en el Mediterráneo cuando dominan los vientos de Poniente y con el calentamiento de las aguas muere. No obstante, conviene estar alerta porque su picadura puede provocar fuertes dolores, vómitos, fiebre, náuseas e incluso la muerte, en casos extremos. Suelen tener un color fosforescente y unos tentáculos que pueden llegar a medir hasta 30 metros si están extendidos.

Este hidrozoo (mal conocido como medusa) no es una especie habitual en el Mediterráneo, pero cada vez es más presente en aguas de la isla en primavera y verano.

Cómo actuar ante una picadura de carabela portuguesa

En primer lugar hay que retirar los restos de tentáculos que puedan haber quedado en la piel. Este proceso debe hacerse con guantes para evitar que el veneno pase también a las manos.

A continuación hay que aplicar agua salada sobre la superficie de la piel afectada. Nunca hay que utilizar agua dulce ya que, según afirma la web especializada medusas.org, esto puede provocar más dolor.

También se puede lavar la zona con agua caliente para aliviar el dolor. En este caso es preferible evitar el vinagre (que sí está indicado en algunos casos de picaduras de medusas) si la zona no se ha limpiado correctamente con anterioridad. Una vez lavada la zona es muy importante evitar la exposición directa de la zona afectada a la luz del sol.

Del mismo modo, no es nada recomendable rascarse. Si los síntomas de dolor y picor no disminuyen es aconsejable acudir a un centro médico para que un especialista prescriba el tratamiento más adecuado que suele consistir en cremas con corticoides e incluso la administración de antihistamínicos por vía oral.