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La nueva vida de Morneta

Los propietarios de la emblemática ‘possessió’ de Binissalem pretenden convertir la finca en un espacio para desarrollar proyectos de carácter social y comunitario en los que el arte, la agricultura y la gastronomía sean protagonistas

Nicolás Morell, su pareja Lucía Doglio y su hija Leonor son los propietarios de Morneta. JAUME CANUT

Morneta es el nombre original de la alquería ya existente en la conquista de Mallorca de 1229. Según podría determinarse por los vestigios arquitectónicos existentes en la possessió, esta podría llegar a datarse en la segunda mitad del siglo XI, del reino independiente de Mallorca (primera Taifa) en el año 1076 o incluso antes.

Morneta perteneció desde 1229 hasta 1282 al Archidiácono de Barcelona. Fue adquirida entonces por Bernardo de Torrella, con su feudo y caballería. La possessió se mantuvo en manos de la familia Torrella y posteriormente Gual de Torrella. En 1953, Alfonso Vivó i Triay, bisabuelo del actual propietario, la adquirió como regalo nupcial para su hija Leonor Vivó i Squella. Desde entonces, y hasta el presente, está en manos de la familia Morell Vivó.

Ahora, quienes están al frente de la gestión de todo este patrimonio, Nicolás Morell (Eivissa, 1982) y su mujer, Lucía Doglio (Uruguay, 1984), manifiestan que su gran ilusión es que este maravilloso legado continúe por muchas generaciones más con el mismo afecto y devoción que se le ha profesado durante casi mil años. Ambos se conocieron en 2006 estudiando Dirección Hotelera Internacional. Desde entonces, la pasión por viajar y conocer diferentes culturas les ha llevado a desarrollar proyectos en diferentes países. «Por mencionar algunos, hemos vivido en Inglaterra, Sudáfrica, Azerbaiyán, Alemania, Filipinas y diferentes lugares de la geografía española, donde hemos tenido la posibilidad de gestionar aperturas de hoteles y mejorar su posicionamiento estratégico, entre otras actividades».

Todo ello derivó en la creación de Morneta Consulting, una empresa de asesoría y consultoría estratégica que desarrolla proyectos hoteleros y retail, combinado, afirman, con su verdadera pasión, los proyectos de carácter social y comunitario como misiones médicas para más de 1.800 niños, programas de escolarización y de inmersión cultural o, incluso, de conservación de grandes áreas donde la fauna y la flora se encuentran en peligro de extinción.

Después de que, años atrás, la propiedad hubiera sido gestionada por empresas privadas, ahora pretenden gestionarla ellos mismos. «Morneta siempre ha tenido un significado muy especial para nosotros. Ya desde pequeño, cuando toda la familia se reunía en la possessió, especialmente en la época estival, se creaba un ambiente lleno de vida, felicidad y maravillosos recuerdos. Desde entonces la pasión, admiración y respeto por Morneta solo han ido en aumento», afirma Nicolás.

En una primera fase, en el período que comprende los últimos 25 años, su padre, Alfonso Morell, «hizo un esfuerzo formidable por asegurar que las casas no se desmoronasen por completo, pues estaban muy deterioradas». «Ahora, en esta nueva etapa, nuestra ilusión y objetivo es devolver a Morneta la grandeza cultural y social que la caracterizó en sus épocas de esplendor y que ocupe el lugar que se merece».

Después de desarrollar los últimos proyectos en Filipinas y, muy especialmente, tras el nacimiento de su hija Leonor, creyeron que era el momento perfecto para volver a Mallorca y «dedicar nuestra vida y pasión a Morneta».

Imagen de la impresionante ‘tafona’ de 1729 que se conserva en la finca. | JAUME CANUT

Dinamización

Según explican, Morneta «tiene la capacidad, con el enfoque, análisis y estrategia adecuada, de convertirse en una plataforma multidisciplinar donde lleguen a confluir infinidad de proyectos a nivel social, cultural, agrícola y gastronómico. Se forma, así, un espacio de proyectos en el que no solo se desarrolla una coexistencia armoniosa, sino que también se generan sinergias esenciales entre los distintos proyectos».

Valoran desde la creación de un espacio gastronómico singular, siguiendo una filosofía de productos kilómetro cero abastecido por un huerto donde la permacultura es la piedra angular, una granja escuela, un área ecuestre que incluye una zona de protección para el ruc mallorquín o espacios de creación artística, así como también, y principalmente, experiencias de alojamiento en diferentes formatos bajo el paraguas de hotel Rural, que «puedan estar eventualmente ligados o no a los eventos sociales o culturales». En definitiva; Morneta podría transformarse en un «espacio de creación de experiencias inolvidables y que creen conexiones emocionales duraderas en el tiempo, especialmente en aquellos que más las necesiten».

A su entender, «Morneta, sin el conjunto de personas que, de forma directa o indirecta, aportan su pasión y dedicación, no sería mas que un conjunto arquitectónico sin alma, vacío», por lo que «siempre será un placer recibir en Morneta a toda aquella persona o colectivo que quiera aportar, compartir, conocer, proponer o participar de cualquier idea, ya existente o de nueva creación». Opinan que la mejor característica de Morneta «es la fantástica oportunidad que brinda como espacio creativo y plataforma de conexión».

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