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La ‘esllavissada’ histórica de Biniarroi cumple 300 años

En marzo de 1721 un gran desprendimiento de tierras estuvo a punto de sepultar el ‘llogaret’ ubicado en Mancor

Biel Fiol, historiador de Mancor. | B.F.

Biel Fiol, historiador de Mancor. | B.F.

Entre el 24 y el 29 de marzo de 1721, el pequeño llogaret de Biniarroi, integrado hoy en el municipio de Mancor de la Vall, estuvo a punto de desaparecer bajo la tierra. Un extraordinario desprendimiento de tierras que se prolongó a lo largo de cinco días provocó el pánico de las escasas cincuenta personas que vivían en la localidad, que vieron cómo parte de sus propiedades, principalmente huertos, así como el entorno forestal del pueblo, quedaron prácticamente enterrados bajo toneladas de tierra sin que nadie entendiera lo que estaba pasando. El fenómeno se ha repetido, sin la misma virulencia, en 1813 y en 1943.

«Se calcula que se desplazaron unas cuarenta cuarteradas de tierra», explica Biel Fiol, historiador de Mancor de 82 años de edad que hoy pronunciará una conferencia en el teleclub de la localidad sobre la histórica esllavissada de Biniarroi, pueblo del que es el originario y cuya familia «fue la más perjudicada» por el movimiento de tierras.

Los testigos presenciales, tal y como recoge un documento anónimo que actualmente es la principal fuente histórica sobre el suceso, «empezaron a ver que el terreno empezaba a caminar hacia abajo, sepultando todo lo que se encontraba a su paso», explica Fiol. Afortunadamente, no se produjeron daños personales y la única propiedad que resultó dañada de forma íntegra fue un molino de agua que «llegó a moverse unos 30 palmos, como si caminara sobre el terreno» hasta que finalmente se desplomó.

El suceso causó una gran alarma, aunque en un principio la gente no se lo creía. «Al ver el desastre, una mujer fue a avisar a Selva (municipio al cual pertenecía Mancor por aquel entonces) y la gente se reía de ella, aunque a la mañana siguiente todos los curas y políticos de Selva estaban rezando en la zona», añade Biel Fiol.

Hoy quedan pocos vestigios de aquel fenómeno que aún perdura en la memoria. Biniarroi quedó deshabitado a mediados del siglo XX por factores ajenos a los desprendimientos, aunque todo indica que el llogaret vuelve a renacer lentamente porque «han empezado a restaurarse casas» que se usan como segundas residencias. Solo una carretera privada llega hasta el núcleo.

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