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Antonio Castillo: «Nos propusimos sacar el hotel adelante y toda la familia ha luchado»

«La situación derivada de la pandemia afecta de lleno a los pequeños hoteles. Algunos ya se han visto obligados a vender sus establecimientos», lamenta este hotelero de Cala Rajada

Antonio Castillo Márquez posa en la terraza del Hotel Amorós.

Antonio Castillo Márquez posa en la terraza del Hotel Amorós.

Antonio Castillo Márquez es un hotelero de Cala Rajada. Regenta el Hotel Amorós de tres estrellas. Es un establecimiento familiar de 80 habitaciones. ¿Su gesta? Ha conseguido mantener abierto durante todo el invierno de esta pandemia. El establecimiento se encuentra en el centro de Cala Rajada y después de «una mala temporada» el empresario se encontró en la tesitura de «tener que hacer frente a unos gastos y a una deuda, sin contar con los ingresos de una temporada normal». Este hecho, confiesa, les abocó a una «difícil situación económica», que «se podía complicar más si no afrontaba el pago de la deuda pendiente». Y es que el propietario del Hotel Amorós relata que justo antes de la pandemia habían finalizado las obras de reforma y mejora del establecimiento. Un hecho que «acrecentaba más la mala situación económica».

Castillo nos ubica a finales de octubre para relatar su historia. En aquellos momentos el establecimiento estaba cerrado. «Además de no contar con ingresos, la situación se complicaba con la llegada de la tercera ola del coronavirus». Llegado a este punto, el hotelero junto a su esposa y sus cuatro hijas decidieron no quedarse de brazos cruzados. Así, en enero volvieron a abrir el hotel. «Si conseguíamos atraer a algunos huéspedes, quizás podríamos hacer frente a la mala situación económica e ir cubriendo gastos, aunque solo fueran los mínimos», pensó para evitar perder su hotel. Con la decisión tomada, dejaron su vivienda habitual y toda la familia se trasladó a vivir en el Hotel Amorós. «Nos evitábamos desplazamientos y, al tiempo, podíamos regentar el hotel y dar el servicio a los clientes», razona. La familia de seis se había propuesto, explica, «

sacar aquella difícil situación adelante». Así, cuenta, todos se repartieron los distintos quehaceres que implica un hotel. La ayuda mutua fue crucial. Durante estos meses de invierno, han atendido a los clientes, se han puesto detrás de la barra en el bar, han servido en el comedor e, incluso, se han puesto en la cocina. «Los días laborables había casi el mismo número de clientes que de personal. Cuatro ciclistas alemanes», reconoce Antonio Castillo, aunque los fines de semana «la situación mejoraba un poco» con la llegada de turistas de la isla que buscaban pasar unos días fuera de casa y se encontraban que el único hotel abierto en Cala Rajada era el Amorós. Para poder cumplir estrictamente con las medidas sanitarias, el establecimiento cuenta con el asesoramiento de un técnico que les guía. Para cumplir con la normativa sanitaria, han tenido que adoptar pequeñas reformas como, por ejemplo, el bufé del comedor. Aun así la familia no desfalleció ante el desafío que se había propuesto.

Después de haber atravesado el difícil invierno, Antonio Castillo se muestra «satisfecho» con los resultados», aunque solo le permitan «subsistir unos meses más». «Esta situación afecta bastante a los pequeños hoteles y algunos ya se han visto obligados a vender, mientras que el resto, si la situación económica sanitaria no mejora, también se verán obligados a cerrar y vender», razona. A pesar de la difícil situación, tiene puestas su esperanzas en un futuro no muy lejano, aunque reconoce que «esta temporada no será muy diferente a la anterior». ¿La solución del problema? La ve en la vacunación. Ahora a las puertas de Semana Santa su ocupación ha crecido hasta el 70%, un porcentaje que le ha permitido sacar trabajadores del ERTE aunque, confiesa, la incertidumbre seguirá en su día a día «mientras no se arregle la situación sanitaria».

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