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Revivir los últimos momentos de vida de los represaliados

«Hay esperanza de lograr un buen nivel de identificación», asegura Lourdes Herrasti

Los arqueólogos reconstruyen los últimos momentos de vida de las víctimas halladas en las fosas de Porreres Rosa Ferriol

Y tras la exhumación en Porreres, llega la reconstrucción. Los últimos momentos de vida de las víctimas de la represión de la Guerra Civil salen a la luz gracias al trabajo del equipo técnico de Aranzadi. Tras exhumar los nuevos 21 cuerpos hallados en niveles inferiores de tres de las ocho fosas excavadas en 2016, empieza la reconstrucción de los restos óseos y los análisis antropológicos, unas tareas que finalizaron ayer. Todo, absolutamente todo es crucial para revivir los últimos momentos de vida de los represaliados enterrados en las fosas de Porreres. La directora de la excavación, Lourdes Herrasti, lleva su cámara colgada del cuello. Son inseparables. Todo se fotografía. Mientras, Almudena García-Rubio reconstruye hueso por hueso el esqueleto de una de las víctimas. Pero para llegar a tener el puzzle completo, el trabajo minucioso ha sido esencial. El mal tiempo de inicios de semana ha complicado un poquito más su labor. En el exterior del «laboratorio de campo», dos arqueólogos limpian los restos óseos y los objetos hallados en las fosas. Hay que quitar el barro. El lunes la fosa 4 se inundó. Agua, cepillos, pinceles y pinzas son los aliados de los expertos, que también cuentan con la ayuda de un colador para no perder ni una mísera parte de los restos.

Almudena García-Rubio reconstruye la mano de una de las víctimas.

La imagen que ha regalado estos días de análisis antropológicos se aleja del horror de ver las víctimas amontonadas en las fosas. Y es que es un paso más para devolverlas a la vida de una manera digna y lograr que descansen en paz. Así, los restos óseos ya limpiados y los objetos asociados a cada víctima se secan al sol sobre una tabla de madera. Una vez secados, se inicia la reconstrucción. Los expertos, como cuenta García-Rubio, han tenido que tirar de algún que otro apaño. Por ello, se han ayudado de un calefactor para acelerar el proceso de secado. Y es que si no está bien seco, es muy difícil su correcta reconstrucción. Reconstruir el cráneo es clave. Los orificios de los impactos de los proyectiles dan mucha información. Mientras sujetan un cráneo reconstruido, las expertas señalan que cuenta con dos orificios de entrada y dos de salida, por lo tanto, un proyectil quedó en el cráneo. La mayoría de ocasiones eran disparos de detrás o laterales pero también han encontrado una víctima con un disparo frontal y otra en el fémur. «La interpretación nos permite imaginar los últimos momentos de vida de las víctimas», confiesa Herrasti.

Laboratorio de campo en el cementerio.

Después del análisis antropológico, se analizan los objetos asociados porque cualquier detalle cuenta para lograr la identificación. Así, mientras Almudena García-Rubio sigue con su proceso minucioso de reconstrucción de los restos óseos de una de las víctimas, Herrasti fotografía la medalla de la Beata Catalina Thomás y limpia una de las monedas que aún conserva restos de la tela del bolsillo del pantalón. Zapatos, corchetes de tirantes, cepillos de dientes, medallas, monedas o, incluso, una canica son algunos de los objetos hallados junto a las víctimas. Todo se guarda. ¿El motivo? Es un tesoro de gran valor que se devuelve a los familiares si el proceso de identificación culmina con éxito.

Colocación de los huesos limpiados.

Hay esperanza de lograr un buen nivel de identificación, confiesa Herrasti. Balears ya tiene unas 200 muestras de ADN de familiares. Ahora que ha concluido el trabajo de análisis antropológico, los restos se entregan a Bon Sosec en cadena de custodia hasta que sean identificados. Eso sí, una muestra de los restos óseos de las víctimas, por ejemplo, un diente o un trozo de hueso se manda al laboratorio BIOMICS de la Universidad del País Vasco de Vitoria-Gasteiz para lograr un perfil genético y comparar con el banco de ADN de los familiares. El proceso puede tardar entre un año y un año y medio pero a Lourdes Herrasti le cambia la expresión solo de imaginar el momento de devolver los restos de las víctimas a sus familiares. «Será una catarsis general». Y es que la recuperación de 114 víctimas en el cementerio de Porreres marca un antes y un después para Porreres. «Ya han salido, es una liberación».

Una bota con restos de una víctima.

Limpieza minuciosa.

Una moneda.

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