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Lletra menuda | Abrir la puerta, por si acaso

Aprovechar las pocas oportunidades que puedan presentarse. Este parece ser el modo de actuar que se instala en una parte del sector hotelero de cara a una temporada turística que ya debería haber empezado a sacar lustre de bienvenida a sus puertas, pero que todavía permanece con los cristales empañados de severa incertidumbre. El intento de aprovechar toda ocasión posible y la necesidad vital de mantener la esperanza es, sin duda, el efecto que lleva a un tercio de los hoteles de Alcúdia y Can Picafort a fijar la fecha de apertura para el 30 de abril. Es una previsión frágil, casi volátil, válida para hoy pero quién sabe si para mañana, porque está sujeta a demasiados condicionantes externos, muchos de ellos de cuño anglosajón. La cepa británica del coronavirus incrementa su capacidad de contagio y por otro lado, Boris Johnson anuncia la apertura del mercado turístico para principios de verano. Pero la previsión de tráfico aéreo es muy escasa y es posible que los niños deban recuperar clases perdidas. A fecha de hoy ya deberían verse los primeros cicloturistas extranjeros en las carreteras de Mallorca. Sin embargo, todo hace presumir que este año, en el mejor de los casos, formarán escasos pelotones. Las reservas del año pasado trasladadas al actual se están anulando de manera definitiva. Es un sector muy importante, en el que en los últimos años se ha especializado la bahía de Alcúdia. En la primavera de 2019 llegó a rozar una ocupación del 79%. Nada que ver con lo que será la actual. Aunque «todo está en el aire», en expresión de los propios hoteleros, por lo menos persiste la idea de mantener una parte de la oferta disponible. La profesionalidad también consiste en eso, en saber dar servicio y calidad cuando las cosas vienen mal dadas y los números languidecen.

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