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Los mercados de Mallorca, una seña de identidad en reconstrucción

En el municipio del Pla, los ingresos de las paradas han pasado de 180.000 a 40.000 euros

Imagen del mercado de Sineu, una imagen muy atípica que ha dejado el coronavirus.

Imagen del mercado de Sineu, una imagen muy atípica que ha dejado el coronavirus.

«El mercado forma parte de la identidad cultural y patrimonial de cualquier municipio, e incluso se pueden convertir en un recurso turístico», afirma Jesús González, catedrático de Geografía. En Santa Maria del Camí y Sineu, sus mercados se convierten, a parte de en una seña de identidad, en «el motor económico del pueblo», tal y como lo destacan sus alcaldes, Nicolau Canyelles y Tomeu Mulet. Y además, con un valor añadido: el de Santa Maria se sitúa en una de las dos plazas más extensas de Mallorca, la Plaça Nova, y el de Sineu es el más antiguo de la isla, ya que se instauró en 1306, extendiéndose por todo el casco antiguo, y uno de los pocos de España con animales vivos. Antes de la pandemia, en ambos pueblos el mercado suponía una de las principales fuentes de ingresos, tanto directa como indirectamente.

Primero por los propios ingresos procedentes de las paradas. En Sineu, por ejemplo, la cifra ascendía a 180.000 euros anuales, aunque ha disminuido hasta los 40.000 de ahora, ya que además de haber menos paradas, se propuso que los vendedores pagasen únicamente cuatro meses de cuotas por las dificultades de la pandemia, unas ayudas al sector que también se repiten en Santa Maria.

Mercado de Santa Maria.

Por otro lado, en la parte indirecta, están las ganancias que provocaba en el sector de la restauración. «Tenemos bares y restaurantes que hacían dos y tres turnos para comer cada domingo», afirma Canyelles. «Si tenemos unos 40 establecimientos de este tipo, están ahí debido al mercado de los miércoles» añade Mulet.

Además, en el pueblo del Raiguer el mercado concentraba, según cifras del Ayuntamiento, a unas diez mil personas, un 35% más que la población total del municipio, y con un 80% de esos visitantes que eran externos a Santa Maria, «mayoritariamente proveniente de Palma, que hace sus compras, come y vuelve». En temporada alta, Sineu superaba con creces la afluencia de las 10.000 personas, ya que se nutría de manera importante de turistas extranjeros, «tanto de turismo rural y casas vacacionales, como de excursiones programadas con guías turísticos», lo que corrobora lo explicado anteriormente por Jesús González. De hecho, es usual encontrar excursiones de turistas en otros mercados a nivel estatal, como el de la Boqueria en Barcelona.

Pero entonces llegó el coronavirus. «Hubo mucho miedo por parte del Ayuntamiento. No estábamos en contra del mercado, sino de la cantidad de gente que venía. El peligro era que se hace en domingo, viene mucha gente a pasear y con los recursos humanos que tenemos era incontrolable», recuerda Canyelles. El fin del confinamiento supuso su retorno, aunque la pandemia ha servido para replantearlo. «Notábamos que el mercado perdía calidad por las grandes aglomeraciones que había, al concentrarse todo en una plaza. Ahora hay unas 50 paradas, un 25% del total anterior, y lo hemos reorganizado», explica el alcalde de Santa Maria. Canyelles destaca que el nuevo mercado «funciona», y a raíz de este replanteamiento ha surgido la idea de la peatonalización a su alrededor. «Queremos cerrarlo en las calles colindantes, hacer bolsas de aparcamiento y que la gente vaya a pie; nos gustaría que en el pueblo no se utilizase el coche», remarca.

Mercado de Santa Maria.

En Sineu también se ha reducido considerablemente el número de paradas, con una diferencia del 50%, llegando a las 150 actuales. El punto positivo es que, al ubicarse a lo largo del casco antiguo, hay más facilidad para reubicarlo y que esté descongestionado. «Estamos en contacto permanente con los vendedores del mercado. Tenemos solicitudes de nuevas paradas, y a medida que la normativa lo permita, se irá ampliando para activar el mercado así como lo estaba anteriormente», remarca Mulet, en relación a las perspectivas de futuro.

Por lo tanto, se ve como «esta seña de identidad» que apuntaba Jesús González, con la pandemia llegó a un punto de no retorno en el caso de Santa Maria con la intención de aumentar en calidad, y de manera contraria, en Sineu se trabaja para, según la evolución de la crisis sanitaria, retornar a lo que suponía para el municipio cada miércoles de mercado.

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