Un descampado de Peguera es el verdadero símbolo de la crisis en Calvià. Más que el escenario postapocalíptico de sus núcleos turísticos y más incluso que los numerosos carteles de ‘Se Vende’ que cuelgan de persianas bajadas. Un descampado, sin más. Un terreno algo destartalado, rodeado de una zona boscosa, donde se observan huellas de una vida cotidiana. Una bicicleta. Un pequeño armario. Una silla. Un camping gas. Un póster.

Allí, en ese descampado que no queda muy lejos de la exclusiva zona de Cala Fornells, vive un grupo de personas desde hace meses. (Sobreviven sería un verbo más preciso para utilizarlo en este contexto de precariedad.) Ésa es la morada de J., que lleva en su tienda de campaña desde febrero de 2020 y que se apaña como puede con la ayuda que cobra del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) y la comida que le da algún familiar.

Tiene como compañero de supervivencia en estos tiempos graves de pandemia a otras personas. Como A., quien come gracias a la ayuda que le dan unos alemanes cada martes. Antes, vivía en la calle. El único de los moradores que ha podido trabajar algo es C., pero en cosas puntuales, sin perspectivas a medio o largo plazo.

Calvià de contrastes

Ellos son el exponente del Calvià de contrastes, donde, en el mismo término municipal donde se encuentra una de las calles más caras de España (la avenida de Portals Vells, con un precio medio por propiedad de casi 5 millones de euros, según datos del portal Idealista), hay sin techo que buscan cobijo en la playa, en la terraza de un chiringuito, en portales y en coches.

Camastro en un porche de la localidad de Magaluf.

A muchos de ellos la crisis les ha dejado sin oportunidades de obtener unos ingresos mínimos. Lo puede corroborar J., que ha convertido su vehículo en un hogar improvisado en la urbanización Galatzó. Trabajador de temporada, el cerrojazo turístico de 2020 le dejó sin margen de maniobra.

Vecinos de la zona le suelen ayudar y le acercan un café caliente o un plato de puchero. Le han ofrecido ir a un albergue en Palma, pero lo ha rechazado. El ambiente de ese tipo de instalaciones, dice, no le gusta, y sólo aspira a que le den un trabajo con el que poder salir adelante.

Lugar de alojamiento improvisado en el municipio.

El tema de los sin techo en el municipio no ha pasado desapercibido en la agenda política municipal y se trató en el último pleno ordinario, celebrado esta semana.

Debate plenario

En el turno de ruegos y preguntas, tanto el PP como Vox -ambos partidos, en la oposición- advirtieron de esta realidad. Así, la portavoz del PP, Luisa Jiménez, solicitó que el Ayuntamiento «idease algún mecanismo» para ayudar a estas personas que duermen en la calle en puntos como Peguera, urbanización Galatzó, playa de Son Maties y la de Palmanova.

«Es verdad que se les ofrece ir a un albergue a Palma y hay gente que no quiere», admitió Jiménez, quien pidió que se deje que estas personas sin hogar al menos se puedan duchar en instalaciones deportivas municipales.

Vecinos de Palmanova cuentan que un hombre vivió una temporada en el exterior de este chiringuito.

La portavoz municipal y teniente de alcalde de Cohesión Social, Nati Francés, aseguró que es un tema en el que está trabajando el gobierno municipal de Calvià, formado por PSOE y Podem-Més.

Según explicó, durante el confinamiento domiciliario estricto que hubo el año pasado, sí que existía un control más regular de estas personas gracias a un convenio con la UME (Unidad Móvil de Emergencia) de la Cruz Roja. Se les controlaba la salud, se les repartía comida y se les ofrecía la posibilidad de ducharse en gimnasios municipales.

Ahora, dijo, han vuelto a contactar con la UME para articular una respuesta. «El problema no es tanto que les visiten y vean su estado como con el tema de la comida. Estamos viendo de qué forma podemos cerrar este tema», apuntó Francés, quien recordó que, desde el punto de vista administrativo, la competencia sobre la atención a las personas sin hogar corresponde al Consell de Mallorca.

En todo caso, mencionó que, durante la pasada ola de frío, la Policía visitó a estas personas, se les dijo que «intentasen desplazarse a albergues» y se comprobó su estado de salud.

Duchas en instalaciones

«Dentro de lo que nos permite la normativa, intentamos abordar el problema. Tanto Servicios Sociales como la Policía conocen los casos», sostuvo la teniente de alcalde calvianera, quien, sobre la posibilidad de ceder las duchas de polideportivos, apuntó que en estos momentos «ni siquiera se deja duchar a nuestros niños en las instalaciones municipales» por las restricciones sanitarias que marca la pandemia.

La crisis sanitaria y el distanciamiento social al que obliga acentúan precisamente la sensación de soledad de estas personas. « La gente tiene tanto miedo de tener contacto con otras personas que hace que nos olvidemos del otro, del que está sufriendo. Y así nos deshumanizamos», asegura una de las vecinas de Calvià que echa una mano a los sin techo, facilitándoles comida. Estos voluntarios explican que, efectivamente, las personas sin hogar son reacias a ir a un albergue en Palma, instalaciones a las que identifican como entornos problemáticos.

Pero lamentan asimismo que se encuentren en una tierra de nadie, ya que difícilmente pueden optar ayudas del municipio si no están empadronados, pero es que «tampoco tienen un sitio fijo donde empadronarse».

Algunos de estos voluntarios relatan cómo tienen identificados otros puntos de pernoctación en el litoral calvianer, como pueda ser en Palmanova. Durante una temporada, cuentan, un chico joven del Este dormía en la terraza de un chiringuito. Y también en unos locales que dan a la playa de Son Maties hay indicios de ocupación humana.

Falta de un albergue

En la actualidad, Calvià no cuenta con ningún albergue para alojar a personas necesitadas. No es una carencia sólo de este municipio. En Mallorca, hay una decena de centros a los que pueden acudir las personas sin hogar. Únicamente uno está en la part forana, el de Manacor. El resto se localiza en Palma. Los motivos que esgrimen los usuarios que acuden a este tipo de centros son la falta de trabajo, de dinero; adicciones y enfermedades.

En Calvià, lo que sí existe es una iniciativa denominada ‘piso solidario’, en la iglesia de Sant Llorenç, en Palmanova. En el pequeño apartamento se acoge a un grupo reducido de personas hasta que logren cierta independencia económica. La parroquia, además, está impulsando un proyecto de albergue, que necesitaría en todo caso de la preceptiva tramitación municipal.