Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Miquela Vanrell: «Hay que romper los estereotipos»

Es una de las mujeres que tienen en titularidad una explotación. Gestiona la finca Cinc Elements

Miquela Vanrell, en la conselleria de Agricultura.

Miquela Vanrell, en la conselleria de Agricultura.

Llegó «de rebote» al sector primario. Miquela Vanrell es ingeniera informática pero hace seis años regresó a la isla cuando nació su hija. Paralelamente heredó la antigua finca Can Pastor, en Alcúdia, ahora conocida como Cinc Elements y que se dedica al cultivo de legumbres y cereales. Confiesa que cuando se enteró de la herencia, «la primera reacción fue delegar la gestión de la finca». Acto seguido, lo razonó. «En aquel momento con mi marido, ingeniero agrónomo, apostamos por una finca productiva». Otra de sus apuestas fue que fuera ecológica. «Gestionarlo era complicado pero hemos hecho todos los pasos necesarios para ponerla en marcha y que la finca sea productiva», explica, y recuerda que hace seis años era una finca «deteriorada». «Hemos tenido que ponerla en condiciones y convertirla en ecológica, lo que ha conllevado su tiempo y cierta planificación».

Miquela Vanrell confiesa que en aquel momento no tenía experiencia agrícola pero se lo tomó como un reto personal. Las mujeres en el sector primario han estado «invisibilizadas» y hay que cambiar la tendencia. «Se puede hacer», sentencia. «Hay que romper estereotipos». Eso sí, admite que los obstáculos que ha tenido que superar en la explotación de la finca son «muchos y diversos» pero si tiene que destacar uno, remarca que «a nivel técnico, para lo que es la explotación de la finca, te das cuenta de que en lo que es la cadena productiva en el caso de las legumbres y los cereales, no hay una agroindustria». Por ejemplo, «tenemos muchas dificultades para limpiar los garbanzos». Y es que «no hay una maquinaria lo suficientemente eficiente para que no se dispare el precio en el consumidor». «Para poder tener un producto a la altura del que nos llega de la península, los costes serían muy elevados. Y es que a nivel técnico, lamenta, «no tenemos una industria que nos garantice esta soberanía alimentaria». Otras dificultades son más sociales, apunta. «A veces ver una mujer gestionando una finca choca porque son roles tradicionalmente asociados a hombres pero de cada vez está dejando de ser así».

Compartir el artículo

stats