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Lletra menuda | Piezas de repuesto escaso y complejo

La Vall de Sóller no sería la misma sin tranvía. Más allá de su función turística y del respetable interés por el negocio de la empresa propietaria, aporta mayor singularidad a un entorno que de por sí ya es único y admirable. Habrá que reconocer a Ferrocarriles de Sóller su aportación patrimonial que, a fuerza de integrarse en el medio y asimilarse como habitual, acaba siendo un poco de todos.

Pero lo bucólico y singular, simple y bonito desde fuera, resulta caro y complejo desde sus interioridades reales y cotidianas. No hablemos ya cuando se debe encarar el futuro. Buena prueba de ello son las enrevesadas operaciones que debe hacer un tranvía de época, como el que une Sóller con el Port, para no descarrilar un futuro que todo el mundo quiere sobre vía segura con garantía de continuidad. Sus piezas de repuesto son escasas y de provisión compleja.

Hace una década, se barajó la posibilidad de servirse de los vagones en desuso del tranvía de A Coruña, pero la operación quedó en el andén. Sin embargo ahora, una vez extinguidos por completo la oportunidad y los medios para recuperar este transporte en la ciudad gallega, la ocasión de aprovechar piezas y carácter útil, vuelve a acariciarse en Sóller.

Todo permanece todavía en estado embrionario y la actual situación de pandemia no ayuda en nada. Habrá que comprobar el material, sus precios y la conveniencia de reciclarlo. Hablamos de vagones que permanecen en las cocheras coruñesas desde 2011, con fechas de fabricación, en algunos casos de origen portugués, que oscilan entre 1912 y 1937. Por lo menos sabemos que el ayuntamiento de A Coruña, extinguiendo su tranvía, deja la posible operación en manos empresarios. En todo caso, lo importante es que el tranvía de Sóller no renuncia al futuro.

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