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Lletra menuda | Habilidades y méritos de un patrón moldeable

No hay santo más camaleónico que Sant Antoni, una característica transformada en virtud, en contra de la primera impresión negativa que transmite en su definición natural. Tampoco es falta de identidad, es capacidad de ponerse al día y a la altura de las circunstancias. Reciclaje y modernización, si se quiere expresar en términos más rotundos. Sant Antoni ya ha dado muestras de patrón moldeable en las dos últimas décadas al ser capaz de evolucionar desde la exclusiva rural a la pluralidad urbana multigeneracional y hasta multicultural. También ha sido el comodín oportuno para los lugares que se habían quedado huérfanos de fiesta consistente, pongamos por caso, Manacor. No queda margen, por tanto, para los negacionistas del santo de Viana en esta época de pandemia y confinamiento. No es cierto que este año no se pueda celebrar Sant Antoni, puesto que todos los indicios y preparativos confirman que se festejará de acuerdo a las circunstancias del momento. Lo verdaderamente preocupante hubiera sido hacerlo igual que si nada hubiera cambiado. Si la fiesta es expresión y evasión del sentimiento popular, lógico es que lo haga dentro de las coordenadas que marca cada tiempo y circunstancia. Este año la mejor protección y la bendición más efectiva que pueda esparcir Sant Antoni es la de mantener a la gente en su casa para salvaguardarla de la covid-19. Pero toda celebración necesita de una expresión y de una exhibición aunque sea limitada a las posibilidades. Por eso el Sant Antoni 2021 estará en las ventanas y balcones, en las redes sociales y en los sonidos proyectables. Las beneïdes recuperan esencia y adquieren una privacidad capaz de «proteger a todos los bienes de la creación». Reconozcamos también a este Sant Antoni confinado la oportunidad de corregir excesos y adulteraciones de masificación inadecuada.

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