Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Lletra menuda

Confinarse es una cuestión personal

La efectividad y solvencia del confinamiento al que está sujeta la ciudad de Manacor es una cuestión de buena voluntad. O lo que es lo mismo, de concienciación y responsabilidad de quienes viven en ella o se adentran en sus calles por imperativo laboral.

El alcalde dice que no hay policías suficientes para realizar el trabajo de control de los accesos a la urbe, solo están disponibles los agentes locales y nacionales destinados en plaza. Los refuerzos esperados han sido desviados a la neutralización de pateras. La prioridad del rechazo de la pobreza sin papeles en detrimento del control sanitario es una actuación de la Administración que resta por valorar pero, en todo caso, las palabras de Miquel Oliver no son más que la expresión institucional de una realidad palpable.

Frente al coronavirus, Manacor es hoy una ciudad abandonada al comportamiento de sus habitantes. Y los hay de todo tipo en sus calles y accesos. Ni con un incremento sustancial de efectivos policiales seria posible un amurallamiento sin paredes de la ciudad. Quien quiera, puede burlar la vigilancia y poner en riesgo la salud personal y colectiva. En definitiva, el confinamiento es una cuestión de responsabilidad y comportamiento personal. Solo será efectivo si cada uno lo aplica en el espacio doméstico y profesional, en el interior de la puerta cerrada a las competencias policiales y teniendo en cuenta que el coronavirus tiene especial preferencia por las segundas residencias y los espacios de ocio despreocupado.

Compartir el artículo

stats