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Perjuicio inmediato y prevención

Perjuicio inmediato y   prevención

Perjuicio inmediato y prevención

Medio año de batalla contra la pandemia da para ver que, cada vez que se adoptan medidas para controlarla, aparte del logro que pueda obtenerse, se repiten los mismos patrones de comportamiento por parte de los colectivos afectados, es decir, que se consideran perjudicados.

Los empresarios de la noche claman al cielo porque les cierran locales y los payeses se indignan y temen un efecto cascada cuando se pone veto temporal al mercado dominical de Santa Maria, un municipio ahora particularmente castigado por el coronavirus. Lógico el malestar de ambos gremios, pero convendrá coger una perspectiva suficiente de la situación real.

La inversión en salud es la más rentable y la única imprescindible porque sin ella no hay negocio posible. Ni siquiera futuro. El cierre actual de actividades comerciales debe entenderse como un mal menor y necesario porque ya estamos en una segunda oleada adelantada de la pandemia. Además, son medidas que, aparte de lo preventivo, necesitan tener un claro efecto disuasorio porque hay demasiada gente -jóvenes- que no se toman en serio las recomendaciones sanitarias.

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