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Una vida dedicada al mar

Sus experiencias en alta mar dejan anécdotas sobre un arte que ha ganado en comodidades

La familia de pescadores 'gabellins'. Biel Capó

La pesca es la única pasión de Pedro y Joan Fuster, dos pescadores de Cala Rajada, que llevan toda la vida dedicada al mar. Sus abuelos palmesanos llegaron con la intención de lograr sobrevivir de la pesca marítima, una hazaña que ya suma cuatro generaciones. Y todas en el puerto gabellí.

Pedro ya goza de una merecida jubilación pero su hijo Pere Andreu ha recogido el testigo, de hecho, llevaba años haciéndose al mar con su padre y su tío. Confiesa que le apasiona tanto que no sería capaz de dedicarse a otra profesión. La misma pasión por la pesca ha transmitido Joan a sus descendientes. Aina siempre que puede se embarca para disfrutar de un día de pesca mientras que Marina ha visto cumplido su sueño y este año se ha licenciado en ingeniería Naval en la Universidad de Barcelona. Confiesa que hubiera sido muy bonito seguir con la tradición familiar, aunque decidió marcharse a estudiar fuera de la isla, eso sí, sin dejar de lado su pasión por el mar. Aunque desconoce el camino que tomará su futuro profesional, tiene claro que trabajará en algo que le guste y que no la aleje de las aguas marinas.

A medida que el oficio ha ido pasando de gerenación en generación, las artes de pesca han cambiado aunque esta familia de pescadores ha seguido realizando el mismo ciclo anual y, en función de la temporada, dedican la pesca a unas determinadas artes. Ahora están inmersos en la recta final de la pesca de la langosta, un hecho que les lleva a rememorar aquellos primeros años cuando los apreciados crustáceos se pescaban con nasas, una especie de jaulas de junco y caña que colgaban de un hilo central, semejante a la pesca con palangre. Las anécdotas son infinitas. Pedro recuerda cuando en plena temporada estival de pesca de la langosta se tenía que salir diariamente porque se corría el riesgo si se descansaba un día de que las capturas así como habían entrado, pudieran volver a salir. En el arte del palangre aún conservan muy vivo el recuerdo de cómo se sacaba a pulso, con el esfuerzo que esto suponía, ya que no contaban con la ayuda de las máquinas, que actualmente facilitan la faena.

Igual que la langosta, la pesca de la llampuga sigue siendo muy importante para los pescadores gabellins. Lo único que ha evolucionado en este arte de pesca son las embarcaciones que son más grandes y las redes de captura que son extraídas con ayuda mecánica mientras que antes era toda una hazaña de la tripulación. En su historia familiar también ha habido momentos para la captura del atún. De hecho, cuando aún se podía pescar, recuerda un domingo que regresaron a puerto con 18 ejemplares. "Tenía la sensación de no tener ni brazos ni espalda", confiesa Pedro, que añade que para poder venderlo tuvo que alquilar una furgoneta, sacar las autorizaciones pertinentes y viajar hasta Denia. "Algo impensable en estos momentos", añade.

El nieto aprende el oficio del abuelo. Biel CapóTres embarcaciones

El Jaume, La Hispaniola y La Hispaniola 2000 son las tres embarcaciones de la saga de pescadores. De hecho, La Hispaniola 2000 ha empezado a navegar este mismo año y, además luce en su construcción piezas de su antecesora que data de 1956. Entre sus memorias, conservan la imagen de como antiguamente las embarcaciones se construían en la calle cerca del puerto mientras que los fines de semana, la gente se concregaba para bajar las embarcaciones hasta el recinto portuario.

Y de la construcción, a la venta. En aquellos tiempos, vender el pescado no era tarea fácil. Se transportaba en camión a la lonja, incluso con vehículos destapados como si de una simple carga se tratara, eso sí, cubierto con un poco de hielo para que el producto llegara a Palma en condiciones. Otra parte se vendía a personas que se dedicaban a revenderlo. Entre las anécdotas, citan como algunos años, la familia March compraba toda la langosta, que era difícil mantenerla viva.

Vender las capturas a buenos precios era importante para la economía familiar. Si se presentaba alguna ocasión extraordinaria, como fue el caso de las inundaciones de finales de los 80, conocidas como la riada, en que se capturaron muchas llampuges y verderols, Pedro hizo un viaje extra con su Seat 850 a la lonja para evitar perder aquella excelente captura.

Y si uno les pregunta sobre la evolución de la pesca, no dudan en admitir que han ganado en comodidades. "Ahora sales de la barca, cierras y no te preocupas más aunque llueva. Antes, los días de tormenta o grandes lluvias, estabas pendiente por lo que pudiera suceder. Los GPS han significado un gran avance. "Si a los pescadores de ahora les quitaras el GPS, en Cala Rajada, quedarían solo dos o tres". "Las pesca actual es muy cómoda. Cuenta con todo tipo de tecnología. Antiguamente todo esto no existía, se sacaban las redes o palangres a tirones de la marinera y en tiempos de su abuelo, no se conocía ni los atuendos impermeables de hoy en día. Y si se pescaba de noche, apenas se contaba con iluminación, ahora parece de día con los focos de las embarcaciones". Y es que con el paso del tiempo, admiten, la tecnología ha contribuido en mejorar las condiciones de pesca.

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